La frontera de la tolerancia. Nuevo Laredo

Aug 11, 2026
La frontera de la tolerancia. Nuevo Laredo
Taller en el lugar del que le cuento.

¿Cómo está?  Ya regresé.

Quiero, en primer lugar, dar las gracias a quienes me enviaron mensajes relacionados con mi columna anterior sobre las compañeras trabajadoras sexuales de Puebla que presentaron la iniciativa para que ser trabajadora sexual deje de ser pretexto para intentar quitarles a su hijos e hijas.

Le recuerdo que le escribo desde México, y pese a que yo vivo en la Ciudad de México, que es la capital del país, con frecuencia tengo la posibilidad de viajar a otros estados y enterarme de cómo están las condiciones del trabajo sexual por aquí y por allá y conocer a mujeres maravillosas que trabajan en esas circunstancias.

A veces las conozco porque imparto algún taller, a veces porque me van a ver a alguna presentación de un show de cabaret y a veces por el puro gusto de coincidir con las colegas.

Esta vez vengo a hablarle de unas compañeras trabajadoras sexuales que viven en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en circunstancias muy particulares.

Tamaulipas es un estado de mi país, México, que está al noreste, pegadito al Río Bravo, que lo separa de Estados Unidos. Y Nuevo Laredo es una ciudad y cabecera de municipio que está hasta arriba, hasta el norte-norte de Tamaulipas.

El trabajo sexual en las ciudades fronterizas de México es un fenómeno complejo que combina regulaciones locales, turismo transfronterizo, flujos migratorios y graves problemáticas de delincuencia organizada.

En México, cada uno de los 32 estados promulga sus propias leyes y políticas sobre prostitución y algunos incluso las regulan. A veces esta regulación no funciona igual en un estado entero, sino que es por municipios o incluso por barrios.

Una puntualización sobre conceptos:

Yo uso tanto la expresión “trabajo sexual” como la palabra “prostitución” y lo hago de manera consciente. Sé que esta última ha sido utilizada históricamente para estigmatizar, humillar y deshumanizar a quienes la hemos ejercido. Sin embargo, también considero importante nombrar las cosas como han sido nombradas en los contextos históricos, legales y sociales de los que hablo.
Utilizo ambas de forma deliberada. No creo que la dignidad de una persona dependa de esconder una palabra ni de reemplazarla automáticamente por otra.

PERO USTED ANTES DE NOMBRAR, INFÓRMESE DE CÓMO CADA GRUPO QUIERE SER NOMBRADO.

Una vez aclarado esto, le quiero contar sobre la zona de tolerancia de Nuevo Laredo.

¿Zona roja o zona de tolerancia?

Con frecuencia se usan como sinónimos “zona roja” y “zona de tolerancia”, sin embargo, no lo son.

Una zona de tolerancia es un concepto administrativo y legal. Es un espacio que puede haber sido delimitado o aceptado y después utilizado por las autoridades como demarcación, donde se permite ejercer el trabajo sexual bajo ciertas reglas. Generalmente cuenta con controles sanitarios, requisitos administrativos y límites geográficos específicos que determinan dónde puede y dónde no puede realizarse esta actividad.

Una zona roja, en cambio, es un término más amplio y popular, una etiqueta social. Con ella se suele nombrar barrios o sectores donde se concentran diversas actividades, entre ellas el trabajo sexual. Sin embargo, el término también carga con ideas de peligro, delincuencia y desorden, por lo que muchas veces termina mezclando realidades muy distintas bajo un mismo estigma y poniendo en la misma canasta a alguien que roba, a alguien que mata y a alguien que simplemente trabaja para sobrevivir. Y eso no es justo.

Ojalá usted, que me lee y se interesa por informarse sobre las realidades del trabajo sexual, en su habla cotidiana aprenda a no decir cosas como “delincuencia y prostitución” siempre en una sola frase; porque sólo alimenta ideas que nos marcan como si fuéramos lo mismo. Y no.

Claro que hay contextos en donde se juntan, pero no es porque las trabajadoras sexuales siempre estemos donde hay delincuencia. A veces estamos, pero no porque así lo planeemos. Claro que hay trabajadoras sexuales que enfrentan una serie de problemas sociales interrelacionados, pero no seamos simplistas.

La zona de tolerancia de Nuevo Laredo.

En el caso particular de Nuevo Laredo, hablamos de una zona de tolerancia muy peculiar. Es una demarcación amurallada que alberga tres calles cortas de oriente a poniente y dos de norte a sur. Aunque en un mapa puede parecer una extensión reducida, al recorrerlo da la impresión de estar en un pequeño barrio: calles, negocios, viviendas, espacios de trabajo y una dinámica social que lo hacen sentirse más como un pueblo que como un simple conjunto de establecimientos.

Este pequeño “pueblo” fue establecido durante el siglo XX, cuando fue famoso por sus bares, sus congales, sus luces de neón… pero en los últimos años se ha visto drásticamente maltratado y su actividad, muy reducida y precarizada.

¿Cómo era antes? La Revolución Mexicana

 Cuando se vivía la etapa más intensa de la Revolución Mexicana, existió algo llamado “expedición punitiva”. Una misión militar enviada por Estados Unidos para capturar y fusilar al General Francisco Villa, uno de los principales caudillos que ha tenido el país. ¿Y qué cree? Nunca lo atraparon.

Esta misión consolidó el sentimiento nacionalista en México, aceleró la promulgación de la Constitución de 1917 y también provocó… el aumento de la prostitución fronteriza dirigida a soldados extranjeros en el norte de México, ya que les pusieron campamentos de mujeres “para las tropas”.

En aquellos tiempos no existía el concepto de “trabajo sexual”, y mucho menos se había pensado ni teorizado sobre la diferencia con la explotación, por lo que las fuentes que he consultado son muy ambiguas al narrar cómo fue que las mujeres llegaron a los campamentos y qué tanto consentimiento pudieron dar. Pero al decir que las mujeres eran “puestas para las tropas” es evidente que eran vistas como un regalo; y le recuerdo que el trabajo sexual, para ser llamado así, es siempre consensuado.

Pasó el tiempo

El caso es que las ciudades fronterizas se llenaron de bares y prostíbulos, y en Nuevo Laredo, cuatro décadas después, el gobierno municipal decidió mantener el trabajo sexual legal confinado en un área específica, y así surgió esta zona, con el horrible nombre de “Boys’ town”. Y le digo que es horrible porque pone en el centro a los clientes, “The boys”, “los chicos”, siendo que es un lugar que, si bien es visitado por hombres, quienes históricamente han mantenido la vida ahí, han sido las mujeres.

Durante el siglo XX, miles de militares y turistas estadounidenses cruzaban la frontera para visitar la ciudad de Nuevo Laredo y así lo llamaban. Los gringos le pusieron “Boys’ town”, pero las y los residentes siempre lo han conocido simplemente como "La Zona".

En “la zona” existían centros nocturnos muy famosos como "El Papagayo", "El Pullman", “El Shamrok”, "La Estrella", "El Tamiko" (por cierto, con estética oriental), y muchos más, que hoy en día están en ruinas.

Pero ya sabe usted que el trabajo sexual nunca se detiene a pesar de las condiciones adversas. Y las compañeras hoy en día siguen trabajando y han adoptado nuevas dinámicas para seguir sobreviviendo.

Y así, en la actualidad, dentro de la zona conviven espacios de trabajo sexual, bares, restaurantes, pequeños negocios, una estación de policía y una clínica de salud, formando una especie de pequeño barrio con dinámicas propias.

Este centro de salud es el Centro de Atención Integral y Reducción de Riesgos Sexuales (CAIRRS) y ofrece servicios médicos gratuitos y confidenciales para trabajadoras sexuales, migrantes y población local. Los servicios incluyen pruebas rápidas de infecciones de transmisión sexual, vacunas y exámenes de salud.

Esto suena muy bien y sin duda es mejor tener un servicio médico que no tenerlo, pero hay aquí algo para discutir: esto se da porque en el Bando de Policía y Buen Gobierno, que es el reglamento principal que establece las reglas de convivencia, orden, seguridad y cultura cívica en Nuevo Laredo, se estipula en un artículo que se llama “DE LA PROSTITUCIÓN, EMBRIAGUEZ Y VAGANCIA” (todo en la misma canasta, como ya quedamos que no se hace), que el comercio sexual es un “hábito dañino para la sana convivencia”.

Aquí le dejo el fragmento tal cual:

ARTÍCULO 22.- El Ayuntamiento está facultado para dictar las medidas que considere pertinentes, con la finalidad de prevenir y combatir los hábitos que se consideran dañinos para la sana convivencia, tales como: comercio sexual, embriaguez, vagancia y mal vivencia.

Y no sólo eso, sino que hay otro artículo que dice esto:

ARTÍCULO 24.- Las personas que ejerzan el comercio sexual como medio de vida, serán inscritas en un registro especial que llevará la dependencia municipal encargada de ello, y quedarán sujetas al examen médico periódico que determine el reglamento o la ley de la materia.

Esto viola tratados internacionales ya que las pruebas relacionadas con la salud no deben ser impuestas.

Otros artículos sobre la prostitución:

 ARTÍCULO 26.- Quienes practiquen la prostitución y no acaten lo estipulado en el artículo anterior, serán sancionadas conforme a las disposiciones del presente bando y demás previstas en las leyes y/o reglamentos de la materia. de constituir su conducta la posible comisión de algún delito, serán puestos a disposición del ministerio público.

ARTÍCULO 27.- Queda estrictamente prohibido a las personas que ejerzan la prostitución, deambular por las calles o situarse en la vía pública con la finalidad de procurarse clientes para el ejercicio de sus actividades.

 Mis visitas a la zona de tolerancia de Nuevo Laredo

 No le voy a contar todo lo que ahí he compartido y aprendido en mis talleres y pláticas con esas mujeres maravillosas. Yo conocí sólo a 52, pero hay muchas más.

Pero sí le puedo contar que cuando llego, aparecen camionetas con vidrios polarizados, manejadas por señores rechinando llantas, para avisarme que saben que estoy ahí.

Y lo más importante que le puedo contar, es que hoy me quedo pensando que durante décadas se ha escrito mucho sobre la zona de tolerancia, sobre los clientes, los bares, los militares, el crimen. Pero muy poco sobre 52 mujeres que un martes cualquiera se sientan durante horas a hablar de derechos, de negociación de tarifas, de herramientas digitales y a compartir secretos de trabajo.

Las camionetas dejan claro quién controla el territorio; la muralla deja claro quién debe permanecer detrás; la ley deja claro quién es "tolerada"; y, sin embargo, detrás de esa muralla hay mujeres increíbles organizándose, estudiando, aprendiendo a negociar tarifas y a usar herramientas digitales, es decir, haciendo exactamente lo contrario de la imagen que suele construirse sobre ellas.

Minerva Valenzuela es actriz, escritora, locutora y docente, además de consultora internacional en asuntos relacionados con el trabajo sexual. Ha representado a México en el Sex Workers’ Freedom Festival (Kolkata, India), fue corresponsal para Latinoamérica de la red global NSWP, integró el comité asesor de Red Umbrella Fund y coordinó el capítulo en español de Objects of Desire. Brinda asesoría y formación a profesionales de la salud, la función pública, el arte, la docencia y el ámbito legislativo, y facilita talleres para trabajadoras sexuales en distintos estados de México, con enfoque en identidad, reducción de daños y prevención de riesgos. Con 27 años de trayectoria ininterrumpida, ha participado en cerca de 50 espectáculos como actriz, autora, directora, asesora o productora, combinando su independencia artística con colaboraciones con instituciones culturales en México. Su trabajo escénico usa el humor, la reflexión y la intimidad con el público como herramientas para sensibilizar sobre derechos humanos, entrelazando lo crítico, lo poético y lo cómico desde una práctica comprometida con poblaciones vulneradas. Es conductora de la revista radiofónica matutina “Nos toca” en Luciérnagas 1350 (IMER), primera emisora pública en México con perspectiva de género, y ha sido beneficiaria del Sistema de Apoyos a la Creación de la Secretaría de Cultura (teatro/cabaret). Como facilitadora, ha desarrollado más de dos décadas de experiencia en contextos culturales, universitarios, comunitarios y de derechos humanos. Desde 2011 coordina y facilita talleres creativos en Casa Xochiquetzal (refugio para trabajadoras sexuales de la tercera edad), donde colabora también en actividades culturales, recaudación y vocería desde hace más de 15 años; y desde 2016 imparte de forma constante talleres con población callejera en diversos estados. Es licenciada en Actuación por la ENAT-INBAL y mantiene formación continua en género, VIH, sexualidad, derechos humanos y trabajo sexual con instituciones y organizaciones nacionales e internacionales (entre otras, CNDH, International AIDS Society y CREA World).