La Casa Xochiquetzal: el único hogar de retiro para las trabajadoras sexuales

Mar 20, 2026
La Casa Xochiquetzal: el único hogar de retiro para las trabajadoras sexuales
Mujeres Xochiquetzal en la celebración de día de muertas 2025

Primero, una breve presentación.

Sí, sí, porque pese a que ya nos iremos conociendo con el correr de los meses, a mí me gusta construir las relaciones, duren lo que duren. Algunas sólo duran una hora, otras, años. Como en el trabajo sexual. Cada encuentro con usted será no sólo informativo, sino profundamente íntimo.

Mi vida tiene varios aspectos fundamentales y todos se los iré presentando poco a poco. Algunos de ellos son el trabajo sexual, el cabaret, la docencia y la Casa Xochiquetzal.

Ya le iré platicando más a detalle en este espacio mensual, pero todos parten de lo mismo: del cuerpo como territorio político, de la confrontación contra los estigmas y los prejuicios, de la mezcla de placer y pensamiento, de la creación de comunidad y del uso de la inteligencia y el humor.

Me pareció que no hay mejor forma de presentarme que contarle primero sobre la Casa Xochiquetzal, pues es una iniciativa que llena mi cuerpo y mi corazón desde hace como quince años y nunca desperdicio una oportunidad para hablar de ella.

Pero antes, le extiendo una invitación a preguntarse:

¿Qué pasa cuando una trabajadora sexual envejece?

Eso depende de muchas cosas. Si usted no tiene un acercamiento real con el trabajo sexual, probablemente piense que la vejez y esta profesión no son compatibles. No es así. Sin embargo, llega un momento en todas las profesiones en el que el cuerpo ya no puede, o ya no quiere, principalmente si ha llevado una vida de carencias materiales y emocionales.

Pero conmigo acostúmbrese a ver las cosas de manera amplia. Nunca hay una sola respuesta ni una única manera de vivir. No es lo mismo haber sido trabajadora sexual toda la vida y de pronto sólo tener que lidiar con los cambios en el cuerpo y en el perfil de los clientes, que haber sido trabajadora sexual toda la vida y encontrarse en situación de calle.

¿Qué es la Casa Xochiquetzal?

La Casa Xochiquetzal es el único lugar en el mundo que da hogar y un modelo de atención especializado a mujeres que durante su vida se dedicaron al talón y que al llegar a la vejez se vieron en situación de calle.

Fue inaugurada en el 2006 y está en el centro de la Ciudad de México, en un barrio catalogado como de alta marginalidad entre Tepito y La Merced. ¿Ha oído hablar de ellos?

Tepito, el célebre Barrio Bravo, donde el comercio popular tiene fama de encontrarle solución a casi cualquier cosa y en donde usted puede comprar de todo; sí, DE TODO, desde un alfiler hasta cosas que sería mejor no comprar; y La Merced, uno de los mercados más grandes de la ciudad, donde desde hace generaciones conviven comerciantes, migrantes y trabajadoras sexuales.

Pues bien, la Casa Xochiquetzal ofrece cubrir las necesidades materiales básicas de sus habitantes, como una cama caliente, agua, baños, tres comidas y colaciones, lavadora y lavaderos, pero también necesidades sociales, como talleres de bordado, de cocina, de creación de artesanías, de arte, activaciones físicas, y por supuesto invita a las habitantes a empezar o continuar sus estudios. También ofrece apoyo jurídico para que ellas cuenten con sus papeles de identidad y así puedan acceder, entre otras cosas, a los apoyos gubernamentales que les corresponden por su edad.

También tienen atención médica y psicológica y no sólo reciben los medicamentos que necesitan, sino que el personal está al pendiente de que los tomen a sus horas y en las cantidades que les han sido recetadas. ¡Y son muchos medicamentos! ¿Usted ha visto cuántas pastillas se toma al día su abuela? Bueno, pues eso, multiplicado por muchas.

Y algo igual de importante es la posibilidad de aprender a convivir, de sentarse acompañadas a la mesa, de ver televisión en las tardes, de aprender a hacer acuerdos y resolver conflictos internos; de tener la tranquilidad de que cuando mueran van a estar acompañadas y con los gastos cubiertos, pues la Casa Xochiquetzal además de una vida digna, ofrece también una muerte digna.

¿Por qué algunas trabajadoras sexuales al envejecer llegan a estar en situación de calle?

Como le digo, eso depende de muchas cosas. Por supuesto no todas se han visto o nos veremos en una situación así, pero la desigualdad, si bien se manifiesta en todas las profesiones, en el caso de las trabajadoras sexuales es más notoria.

No es lo mismo tener redes de apoyo, reservas económicas, otras habilidades y profesiones, familia… que no tenerlas.

Las habitantes de la Casa Xochiquetzal han vivido discriminación desde la infancia, y ésta se ha ido incrementando con el paso de los años.
Los recursos que la Casa recibe, sirven para reducir la enorme brecha que existe entre su situación y la de las mujeres que han tenido la oportunidad de vivir en otras circunstancias. Y esos recursos llegan exclusivamente de las donaciones.

Las mujeres que habitan la Casa son migrantes dentro de su propio país, ya que, desde jóvenes, algunas incluso desde niñas, tuvieron que abandonar sus Estados natales por diferentes razones, todas ellas muy complejas: la creencia de que aquí en la Ciudad podrían encontrar un mejor trabajo, por coerción, o porque al dedicarse a intercambiar sexo por dinero o bienes, generalmente es necesario esconderse y que la familia no se entere. Esto deriva en que hayan vivido discriminación también por su origen étnico.

Todas ellas están en la Casa después de haber trabajado muchos años, y al llegar a la vejez, las familias las dejaron en la calle pese a haber sido el principal soporte durante todo ese tiempo, siendo así víctimas de discriminación por sexo, género, edad y condiciones de salud. A esto se le suma la discriminación por su forma de sobrevivir, ya que su entorno las abandona y les reclama que en menor o mayor medida ellas hayan decidido llevar el estilo de vida que llevaron.  

En la Casa hay habitantes con discapacidad congénita y todas con discapacidad adquirida, ya sea por edad, por accidentes, maltratos físicos o por los hábitos que tuvieron que desarrollar para enfrentarse al mundo.

La mayoría de ellas encuentran en la Casa un hogar sin maltratos por primera vez en su vida, además de un modelo de atención integral diseñado especialmente para este lugar en el que reciben todos los cuidados que cualquier mujer merece, y la atención que cualquier mujer de su edad y en sus circunstancias necesita.

¿La Casa Xochiquetzal sólo atiende a las mujeres que ahí viven?

No. La Casa Xochiquetzal es un proyecto que se basa en hacer comunidad. Siempre ha habido contacto con otras compañeras, pero a partir de la pandemia, ese contacto se intensificó.

Muchas trabajadoras sexuales viven en hoteles, y en esos tiempos, los hoteles empezaron a cerrar, por lo que las carencias se acrecentaron y de inmediato se armaron redes entre pares. Es decir, las trabajadoras sexuales que tenían más posibilidades buscaron cómo apoyar a las que tenían menos.

Y no es que la Casa Xochiquetzal tuviera mucho. Nunca hay mucho, nunca alcanza, siempre falta lo material. Pero al menos tenían la posibilidad de gestionar donaciones de despensas y de compartir un plato de comida, de prestar el baño, de ofrecer un vaso de agua y una tarde de risas en compañía.

De tal suerte que, a partir de entonces, además de a las habitantes de la Casa, se apoya a otras 250 mujeres que han vivido las mismas discriminaciones por origen étnico, algunas por hablar otra lengua, por sexo, género, y un alto porcentaje también por edad y discapacidad. Y todas ellas, habitantes o externas, por condición social y económica.

Es necesario hacer hincapié en la condición social, ya que incluso en comparación con otras mujeres que viven el resto de las discriminaciones que ellas viven, las mujeres Xochiquetzal, habitantes y externas, se enfrentan además al estigma de intercambiar sexo por dinero, bienes o servicios, lo que las hace aún más vulnerables y con más impedimentos para acceder al reconocimiento y goce de sus derechos y libertades fundamentales y a la igualdad.

Si bien la Casa se sostiene con donativos, estos no son ni suficientes ni constantes; y los que tendrían que ser constantes, como el sueldo del personal de la Casa, no son puntuales, y con frecuencia pasan meses sin que puedan recibir su pago. Así pues, ante la falta de recursos, el personal de la Casa tiene que realizar sus labores fijas, y además resolver tareas como cocinar, lavar, dar talleres, y al mismo tiempo conseguir pequeños donativos emergentes para solucionar carencias de primera necesidad. Y sin sueldo. 

¿Puedo donar a la Casa Xochiquetzal?

¡Por supuesto que sí! En la casa suelen decir que “no hay donativo pequeño”. Esta frase es muy cierta, porque usualmente la gente cree que para decidirse a donar, primero debe tener algún buen ahorro. Y por supuesto sería mejor que usted hiciera una enorme donación (si por casualidad algún millonario anda leyendo esta columna, le aseguro que aquí sabríamos muy bien qué hacer con su dinero), pero incluso donar 2 dólares sirve para cubrir la compra de las tortillas para una comida.

Desde cualquier parte del mundo, usted puede donar en paypal.me/casaxochiquetzal

Estoy segura de que le quedan dudas sobre la Casa. Escríbame y pregunte. Con gusto cada cierto tiempo le iré platicando más sobre esta maravillosa iniciativa, sobre sus sabias habitantes, sobre las comprometidas personas que la mantienen funcionando día y noche. ¡Y no se olvide de donar!

Minerva Valenzuela es actriz, escritora, locutora y docente, además de consultora internacional en asuntos relacionados con el trabajo sexual. Ha representado a México en el Sex Workers’ Freedom Festival (Kolkata, India), fue corresponsal para Latinoamérica de la red global NSWP, integró el comité asesor de Red Umbrella Fund y coordinó el capítulo en español de Objects of Desire. Brinda asesoría y formación a profesionales de la salud, la función pública, el arte, la docencia y el ámbito legislativo, y facilita talleres para trabajadoras sexuales en distintos estados de México, con enfoque en identidad, reducción de daños y prevención de riesgos. Con 27 años de trayectoria ininterrumpida, ha participado en cerca de 50 espectáculos como actriz, autora, directora, asesora o productora, combinando su independencia artística con colaboraciones con instituciones culturales en México. Su trabajo escénico usa el humor, la reflexión y la intimidad con el público como herramientas para sensibilizar sobre derechos humanos, entrelazando lo crítico, lo poético y lo cómico desde una práctica comprometida con poblaciones vulneradas. Es conductora de la revista radiofónica matutina “Nos toca” en Luciérnagas 1350 (IMER), primera emisora pública en México con perspectiva de género, y ha sido beneficiaria del Sistema de Apoyos a la Creación de la Secretaría de Cultura (teatro/cabaret). Como facilitadora, ha desarrollado más de dos décadas de experiencia en contextos culturales, universitarios, comunitarios y de derechos humanos. Desde 2011 coordina y facilita talleres creativos en Casa Xochiquetzal (refugio para trabajadoras sexuales de la tercera edad), donde colabora también en actividades culturales, recaudación y vocería desde hace más de 15 años; y desde 2016 imparte de forma constante talleres con población callejera en diversos estados. Es licenciada en Actuación por la ENAT-INBAL y mantiene formación continua en género, VIH, sexualidad, derechos humanos y trabajo sexual con instituciones y organizaciones nacionales e internacionales (entre otras, CNDH, International AIDS Society y CREA World).