Las p*tas también votamos: cómo las trabajadoras sexuales organizamos un voto informado para defender la democracia

Apr 28, 2026
Las p*tas también votamos: cómo las trabajadoras sexuales organizamos un voto informado para defender la democracia

En estas elecciones generales del 2026, las trabajadoras sexuales no fuimos espectadoras. No estuvimos mirando desde la orilla cómo otros decidían el futuro del país. Nos organizamos, discutimos, nos informamos, debatimos con nuestras compañeras y tomamos una decisión política: hacer que nuestro voto valga.

El Perú llegó a este proceso electoral en medio de una crisis democrática profunda. El Jurado Nacional de Elecciones precisó que 38 organizaciones políticas quedaron expeditas para presentar candidaturas en las Elecciones Generales 2026, después de haber anulado las elecciones primarias en los partidos.

En la práctica, el país enfrentó una enorme dispersión electoral, con una ciudadanía temerosa de salir a reclamar ante los asesinatos en las protestas, cansada, confundida y golpeada por años de inestabilidad, corrupción, inseguridad ciudadana ante la normalización de las extorsiones, sicariato y pérdida de confianza en las instituciones debido al copamiento de las instituciones del estado por el llamado “Pacto Mafioso”.

El “Pacto Mafioso” y la falsa democracia

Llamamos “pacto mafioso” a la alianza de bancadas, operadores políticos que han usado el Congreso para sus intereses particulares, colocando a operadores corruptos dentro de las instituciones del estado con el fin de protegerse, garantizar impunidad y debilitar los contrapesos democráticos.

Es por eso por lo que en el Perú se habla de una “falsa democracia”: porque formalmente hay elecciones, Congreso, leyes y autoridades, pero en la práctica los mecanismos de control no solo se han debilitado, también los congresistas del pacto ignoran y desprecian las leyes según sus conveniencias.

En este contexto, para nosotras votar no era un trámite. Era una decisión estratégica.

Sabíamos que no bastaba con votar “por simpatía” ni dejarnos llevar por la rabia, el miedo o la frustración. En un escenario tan fragmentado, anular el voto, votar en blanco o dispersarnos podía terminar favoreciendo a los mismos sectores que han debilitado la democracia.

Por eso, desde el Movimiento de Trabajadoras Sexuales del Perú y la Asociación de Personas que Ejercen el Trabajo Sexual “Miluska Vida y Dignidad”, armamos una campaña especialmente llamando a nuestras compañeras a ejercer un voto consciente, informado y estratégico-colectivo. 

Imagen cedida por Ángela Villón

Una llamada al voto organizado

Nuestra participación no nació en la última semana electoral. Veníamos de un proceso de articulación con organizaciones feministas, sociales, de derechos humanos, pueblos indígenas, colectivos LGTBIQ+, trabajadoras del hogar, ollas comunes, microempresarios, transportistas, juventudes y otros sectores golpeados por la crisis.

Participamos en espacios de construcción colectiva, como la agenda legislativa feminista para la Igualdad y No Discriminación 2026–2031 clave para garantizar vida digna, autonomía y justicia para todas las mujeres, que incluya a las trabajadoras sexuales, nuestras propuestas desde nuestras vulnerabilidades, reconociéndonos como sujetas de derechos, garantizando nuestro derecho al trabajo, a la salud, a vivir libres de violencia, en una agenda legitima, nosotras como actoras principales para incidir en las decisiones que afectan nuestras vidas, donde logramos posicionar nuestras demandas dentro de una agenda política más amplia. 

Desde ahí, nuestra consigna fue clara: no votar a ciegas.

En febrero, bajo el lema "Somos la mitad, queremos paridad", el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán impulsó un valioso espacio de diálogo y reflexión para fortalecer la democracia paritaria en nuestro país.

El Foro "Ley Modelo de Paridad entre mujeres y hombres en el Estado y en la vida política y pública y su impacto en la participación política de las mujeres y en el sistema de justicia" congregó a autoridades, especialistas, organizaciones feministas y representantes del sistema electoral con el objetivo de analizar avances, desafíos y estrategias de cara al proceso electoral 2026.

Imagen cedida por Ángela Villón

Nuestra participación en este espacio permitió construir y visibilizar nuestra agenda de cara a las elecciones porque nos colocó frente a autoridades, especialistas, organismos electorales, organizaciones feministas y actoras políticas en un momento clave del proceso electoral. Allí pudimos evidenciar que las trabajadoras sexuales no solo enfrentamos violencia, estigma y exclusión en salud o seguridad, sino también en el acceso a la representación política, la justicia y la ciudadanía plena.

Este acto nos permitió unir nuestra agenda con una lucha mayor: la defensa de la democracia paritaria, la igualdad y la no discriminación. Así dejamos claro que nuestras demandas no son un tema aislado ni sectorial, sino parte de la agenda democrática del país.

También fuimos parte del V Diálogo Político-Social de la Plataforma por la Democracia, un espacio donde articulamos y cuya convocatoria apuntaba a construir una agenda democrática frente al deterioro institucional del país. Este diálogo buscó articular una agenda política democrática con partidos participantes de las Elecciones Generales 2026, donde se abordó temas como seguridad ciudadana, profundización de la democracia, reforma tributaria, reforma laboral, educación, salud, desarrollo sostenible, política cultural, pero sobre todo igualdad de género, donde los partidos participantes se comprometieron a devolvernos la confianza.

Evaluación y reflexión

Es así como evaluamos qué fuerzas políticas habían dialogado con las organizaciones sociales, cuáles habían firmado compromisos democráticos y cuáles podían tener posibilidades reales de pasar la valla electoral. La discusión no fue sencilla. Había candidaturas y activistas queridas en distintas listas, personas valiosas que han acompañado nuestras luchas durante años. Pero también sabíamos que, en una elección tan dispersa, votar por opciones sin posibilidades podía significar perder un voto necesario para frenar el avance de fuerzas antiderechos, ultraconservadoras y autoritarias.

Por eso decidimos esperar con paciencia hasta tener un panorama más claro. Informamos minuto a minuto. Hicimos reuniones, capacitaciones, mensajes, transmisiones en vivo y conversaciones en nuestros grupos de WhatsApp, tanto en Lima como en el Movimiento Nacional. Fue agotador, sí. Pero también fue profundamente político. Porque organizar el voto de mujeres históricamente estigmatizadas es también disputar ciudadanía.

La periodista Rosa María Palacios advirtió, en el contexto de la campaña #PorEstosNo, que el voto debía servir para castigar la conducta de quienes desde el Congreso habían contribuido al deterioro democrático. El País recogió esa lectura en una nota sobre el llamado ciudadano a rechazar en las urnas a los sectores asociados al llamado “pacto mafioso”. Para nosotras, ese análisis conectaba con algo que vivimos todos los días: cuando las leyes se usan para proteger impunidad, criminalizar la pobreza, abandonar a las mujeres y dejar desprotegidas a las trabajadoras sexuales, la democracia deja de ser una palabra bonita y se convierte en una urgencia de supervivencia.

Alfonso López Chau, candidato presidencial por Ahora Nación, y Ángela Villón

Finalmente, muchas compañeras decidimos apostar por un voto estratégico y de manera lineal: marcar el casco de Ahora Nación, porque llevaba en sus listas a aliadas de años, porque tenía posibilidades de pasar la valla y porque Alfonso López-Chau podía alcanzar representación en el Senado. Otras compañeras apostaron por Jorge Nieto, por el Partido del Buen Gobierno, marcando el sol. Lo importante fue que no actuamos desde la improvisación, sino desde una lectura colectiva del momento.

Y sentimos que nuestro voto valió.

Primeros resultados

Los resultados parciales de la ONPE mostraron un escenario altamente competitivo y fragmentado. Al 96.321% de actas contabilizadas, Keiko Fujimori aparecía con 17.072% de votos válidos, Roberto Sánchez con 12.042%, Rafael López Aliaga con 11.891%, Jorge Nieto con 11.012% y Alfonso López Chau tenía 7.431% superando la valla electoral y logrando representación política.

Esto confirmó algo que ya veníamos advirtiendo: en una elección tan cerrada, cada voto organizado importaba.

El País también señaló que la abstención, los votos nulos y los votos en blanco fueron protagonistas de la elección: más de seis millones de personas no votaron y más de tres millones de votos fueron blancos o nulos. Frente a ese desencanto, nosotras elegimos otro camino: no retirarnos de la política, sino entrar con más fuerza.

Porque las trabajadoras sexuales también somos ciudadanas.

No somos solo “población vulnerable” en los informes. No somos solo tema de salud pública, VIH o violencia. Somos sujetas políticas. Somos mujeres que sostienen hogares, comunidades, redes de cuidado y luchas colectivas. Somos parte del país que trabaja, que resiste, que vota, que exige y que propone.

Ahora, de cara a la segunda vuelta, asumimos una nueva responsabilidad. Los reportes internacionales señalan que la disputa presidencial se encamina hacia una segunda vuelta entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez, en un contexto de conteo ajustado, denuncias de fraude sin evidencia suficiente según observadores de la Unión Europea, y llamados de la OEA a respetar la voluntad popular. Para nosotras, este nuevo momento exige claridad política, memoria y organización.

Decimos con firmeza: las putas también votamos

Votamos porque nuestra vida está atravesada por decisiones políticas. Votamos porque las leyes pueden protegernos o hundirnos. Votamos porque la criminalización, el estigma, la violencia policial, la extorsión, la falta de acceso a la salud y la ausencia de reconocimiento laboral no son problemas privados: son problemas de democracia.

Votamos porque no queremos que otros hablen por nosotras.

Votamos porque no queremos ser usadas como cifra, excusa o miedo moral.

Votamos porque tenemos agenda, memoria y propuesta.

Votamos porque la democracia también se defiende desde los márgenes.

Y si durante años nos quisieron reducir al silencio, hoy respondemos con organización:

Las trabajadoras sexuales hacemos incidencia política. Construimos agenda feminista. Defendemos derechos humanos. Participamos en democracia. Y cuando llega el momento histórico, también sabemos votar con estrategia.

Porque nuestro voto no cae en saco roto.

Nuestro voto tiene historia.

Nuestro voto tiene rabia.

Nuestro voto tiene dignidad.

Y nuestro voto también puede ayudar a recuperar el país.

Angela Villón Bustamante es una política peruana, defensora de derechos humanos y presidenta de la Asociación Miluska Vida y Dignidad, organización de base que lucha por el reconocimiento y los derechos de las trabajadoras sexuales en el Perú. Referente del movimiento a nivel nacional, su liderazgo nace de la experiencia vivida y la organización colectiva frente al estigma, la criminalización, la violencia institucional y la discriminación hacia mujeres, personas migrantes y disidencias. Desde la asociación ha impulsado formación política, acompañamiento comunitario, incidencia pública y denuncia de violaciones de derechos humanos, en un contexto marcado por la corrupción y el debilitamiento del Estado de derecho. Ha participado como candidata al Congreso, llevando por primera vez las demandas de las trabajadoras sexuales al debate electoral. Actualmente, fortalece procesos organizativos y alianzas nacionales e internacionales para la defensa de derechos desde una perspectiva feminista popular y comunitaria.