Conforme a la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta ese año en México había 8.8 millones de personas (7.2% de la población de 5 años y más) con discapacidad, de las cuales 53.5% eran mujeres y 46.5% hombres; observando que la discapacidad más frecuente fue la motriz (dificultades para caminar, subir o bajar) representando el 41% de las personas con discapacidad, (INEGI, 2024) . Cabe señalar, que “las personas con discapacidad son quienes tienen alguna limitación para realizar actividades diarias. Estas dificultades pueden ser para caminar, ver, escuchar, hablar, recordar o concentrarse” (INEGI, s. f.).
Sexualidad y discapacidad: un tema invisibilizado
Desgraciadamente, las condiciones sociales, económicas, culturales e incluso laborales han impedido que las personas con discapacidad puedan desarrollarse de manera activa en la esfera pública, lo cual ha vulnerado el libre ejercicio de sus derechos humanos, aunado a ello, las personas con discapacidad se enfrentan a una serie de desigualdades en materia de salud, lo que incluye la poca accesibilidad a servicios de salud sexual y reproductiva, muchas veces debido a estigmas y tabúes (López, 2023).
Así, si nos paramos a pensar en uno de los estigmas o tabúes de los que poco se habla pero que discrimina a las personas con discapacidad veremos que es el tema de su sexualidad, notando que es un tema que despierta dudas, rechazo e incluso se plantea como un problema. ¿Pero verdaderamente la sexualidad en las personas con discapacidad es un problema?
Rompiendo mitos sobre el deseo y el placer
La realidad es que una discapacidad física, no elimina la capacidad de desear ni de ser deseable; no anula la capacidad de conocer a alguien y por tanto, no borra la capacidad de proporcionar y sentir placer, (Martínez, 2003) Sin embargo, estamos acostumbrados a querer calificar y etiquetar como mejor o peor, normal o anormal, bueno o malo, perfecto o imperfecto, a la sexualidad; cuando en verdad no hay dos eróticas, una normalizada y otra “discapacitada” sino miles de eróticas porque no se trata de proponer un único modelo y excluir a todos los que no quepan en él, la sexualidad deberíamos vivirla cada uno sin juzgar cómo la viven los demás porque hacerlo desde esta mirada lo que generamos es que las personas con alguna discapacidad se puedan ver afectadas en la forma de vivirse a sí mismas y de relacionarse con el otro sexo porque estarán presentes dudas o temores como “¿voy a gustar?, ¿soy deseable?, ¿podré satisfacer al otro?, ¿estaré a la altura de lo que se espera de mí?, ¿me rechazarán?, ¿me verán feo?”, etc. (De La Cruz, 2003).
Y es posible que al leer esto, se piense que puede ser una exageración o que no es verdad. Pero si observamos la cotidianidad nos daremos cuenta que verdaderamente es un grupo como muchos otros, al que se le excluye. Tan sólo basta reflexionar lo siguiente: “¿un chico o chica que vaya en silla de ruedas puede sentirse identificado con todos los ejemplos que suelen ponerse al hablar de sexualidad o de las primeras relaciones eróticas?” (De La Cruz, 2003). Y es que si pensamos en los comerciales, anuncios o los modelos que ofrecen los medios de comunicación, que muestren un acto sexual o hagan referencia a un tema sexual, no son las personas discapacitadas quienes ocupen esa atención, no es alguien con discapacidad quien salga en anuncios de condones o ligando con alguien, pero por qué no, porque la discapacidad la ligamos a un problema y no es que la sexualidad de las personas con discapacidad no esté exenta de dificultades.
Sin embargo, creemos que será difícil que tengan una relación, que las personas con discapacidad no piensan ni sienten la necesidad de tener una vida sexual, los infantilizamos, o los vemos como indeseables porque existe “un discurso sobre los cuerpos con diversidad funcional de que son inútiles, inválidos, subnormales, tullidos, discapacitados y minusválidos”, (Antonio Centeno, s.f, López, 2023). Entonces, ¿existe una estética deseable de un cuerpo?
Con lo anterior, podemos caer en cuenta que muchos de nosotros tenemos un modelo de la sexualidad reducido al coito y a los genitales; un modelo de sexualidad competitivo, reproductor y de rendimiento, que condiciona el modo en qué miramos o pensamos la sexualidad y ya no solo la nuestra sino la de los demás. Así, los miedos y problemas de autoestima presentados en algunas personas con discapacidad, vienen determinados por dos razones: “la visión del propio yo y la percepción de la interpretación de la situación que los demás hacen” (Astarloa, 2003).
Derechos sexuales de las personas con discapacidad
Ahora bien, si decimos que las personas con discapacidad también tienen necesidades sexuales por ende también merecen el cumplimiento de sus derechos sexuales, teniendo que éstos son, (Fondo de Población de las Naciones Unidas, s.f.; como se citó en Rebolledo y Carbajal, 2020):
- Derecho a fortalecer la autonomía y la autoestima en el ejercicio de la sexualidad.
- Derecho a explorar y disfrutar de una vida sexual placentera.
- Derecho a elegir las parejas sexuales.
- Derecho a vivir la sexualidad sin ningún tipo de violencia.
- Derecho a tener relaciones sexuales consensuadas.
- Derecho a decidir libre y autónomamente, cuándo y con quién se inicia la vida sexual.
- Derecho a decidir sobre la unión con otras personas.
- Derecho a vivir y expresar libremente la orientación sexual e identidad de género.
- Derecho a la protección y prevención de infecciones de transmisión sexual o embarazos no deseados.
- Derecho a recibir información y al acceso a servicios de salud de calidad sobre todas las dimensiones de la sexualidad, sin ningún tipo de discriminación.
Barreras sociales y familiares
No obstante aun con la existencia de los derechos sexuales, en muchas ocasiones no es posible que las personas con discapacidad los puedan llevar a la práctica, debido a que muchas veces al tener que vivir con su familia debido a la discapacidad, se los sobreprotege o se les anula el derecho a su intimidad y privacidad, en muchas ocasiones por inseguridades o temores ya que no quieren que la persona con discapacidad se enfrente al rechazo o dudan que pueda tener la capacidad de ejercer sus derechos, en otras ocasiones, simplemente se les infantiliza, se ve a las personas con discapacidad como niños y es por ello que se considera que deben mantenerse fuera de todo contacto sexual.
Asistencia sexual: ¿solución o debate?
En Europa, Suiza aprobó la asistencia sexual, mientras que en República Checa, Alemania, Francia y España asociaciones e iniciativas no gubernamentales operan a favor de las necesidades sexuales en personas con discapacidad, entendiendo por la asistencia sexual como “un servicio para personas con discapacidad para que puedan satisfacer sus deseos y necesidades sexuales con la ayuda de otra persona” (De Asís, 2017; como se citó en Cuervo Pollán, s. f.).
Resaltar que esto ha comenzado un debate, ya que se ha considerado que la asistencia sexual es una prostitución incubierta y a su vez, si hablamos de no generar discriminación, aprobar la asistencia sexual llevaría a discriminar a otros sectores o personas, puesto que ahora se podría pensar que cualquier persona aun sin discapacidad “si no tiene éxito para tener relciones sexuales por su cuenta, ¿entonces debería tener un asistente sexual?”. Pensemos en otros grupos marginales o que en ocasiones se les rechaza por su cuerpo, personas con obesidad, enanismo, etc., ¿ellas también deberían tener un asistente sexual?.
Y es que la asistencia sexual se “receta” no porque no se puedan tener relaciones sexuales siendo una persona con discapacidad, sino como una forma de poder acceder sexualmente al propio cuerpo o al de una pareja. La persona asistente no es alguien con quien tener sexo, sino alguien que apoya para tener sexo con uno mismo o con otras personas, por lo que la persona asistida decide en qué y cómo recibe apoyo, dando así su forma de autonomía para explorar su cuerpo o para masturbarse.
Alternativas actuales y realidad en México
Y dado que la asistencia sexual, aún no está aprobada en México, las personas con discapacidad han estado viviendo su sexualidad de manera encubierta, recurriendo a servicios de trabajadores sexuales, lo cual por un lado, puede hacer que “se sientan atractivas y atraídas por otras personas, mejorando la forma de ver la vida y de vivir la misma” (Organización Dependientes Independientes, s.f.; López, 2023), y por otro lado, los puede llevar a problemas, ya que el trabajo sexual no está regulado de manera uniforme en México.
Sin duda alguna, salvaguardar y garantizar la inclusión de las personas con discapacidad en la sociedad tiene como punto central el reconocimiento de su capacidad jurídica y de la capacidad para decidir sobre sus cuerpos y sobre su manera de vivir. ¿Pero el Gobierno es quien debería destinar recursos económicos a la asistencia sexual y ésta debería ser únicamente para personas con discapacidad?
Si bien, la Constitución Política de la Ciudad de México señala en su Artículo 6, Apartado E: Derechos sexuales, “Toda persona tiene derecho a la sexualidad; a decidir sobre la misma; a ejercerla de forma libre, responsable e informada, sin coerción o violencia; así como a la educación en sexualidad y servicios de salud integrales, con información completa, científica, no estereotipada, diversa y laica”, (Gobierno de la Ciudad de México, 2022; López, 2023); visto desde este punto tal vez se debería iniciar con la educación sexual y la valía de los derechos sexuales y reproductivos para todas las personas, con o sin discapacidad, ya que la sexualidad es un tema que nos atañe a todos.
Finalmente, si bien todos tenemos derechos sexuales, también hay que recordar que ejercerlos implica no causar daño a nosotros mismos ni a otro (s), puesto que así como tenemos derechos también debemos ser responsables y cumplir con nuestras obligaciones; aunado a ello, recordar que la sexualidad es un tema amplio que abarca varias dimensiones y dentro de ellas tendremos que aprender a no juzgar al otro (s) pues no existe una única forma de vivir la sexualidad.
Referencias bibliográficas
Astarloa, A. (2003). ¿Discapacidades en sexualidad? En Discapacidad y vida sexual. EUJOA S.A.
Cuervo Pollán, A. (s. f.). Asistencia sexual: opresión para las mujeres, prejuicio contra las personas con discapacidad. Una Mirada Interdisciplinar Hacia las Violencias Sexuales. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=9201673
De La Cruz, C. (2003). Las sexualidades más válidas. En Discapacidad y vida sexual. EUJOA S.A.
INEGI. (s. f.). La discapacidad en México https://cuentame.inegi.org.mx/explora/poblacion/discapacidad/
INEGI. (2024). Estadísticas a propósito del Día Internacional de las Personas con Discapacidad. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2024/EAP_PCD24.pdf#:~:text=De%20acuerdo%20con%20la%20ENADID%202023,%20en,mujeres%20y%204.1%20millones%20(46.5%20%25),%20hombres.
López, Ana (2023). Iniciativa para la regulación de la asistencia sexual consentida e informada para personas con discapacidad. https://consulta.congresocdmx.gob.mx/consulta/webroot/img/files/iniciativa/IN-632-29-14-11-2023.pdf
Martínez, F. (2003). El encuentro de los sexos. En Discapacidad y vida sexual. EUJOA S.A.
Rebolledo, J., y Carvajal, B. (2020). Sexualidad y Discapacidad. En M. Tamayo, A. Besoain-Saldaña, y J. Rebolledo. (Eds.), Kinesiología y discapacidad: Perspectivas para una práctica basada en derechos (pp. 24-31). Santiago, Chile. Universidad de Chile.