Antes del Mundial, las p*tas estuvimos aquí

Mar 18, 2026
Antes del Mundial, las p*tas estuvimos aquí
Calzada de Tlalpan, Ciudad de México | Fuente: Wikimedia Commons

Vivimos tiempos convulsos atravesados por la incertidumbre. Los gobiernos se reacomodan entre resistencias políticas y partidos de izquierda o de derecha que imponen tener la razón. Lo cierto es ,en ese reacomodo, los pobres nos llevamos la parte más cruda. Y cuando eres puta y pobre, la cosa empeora. 

Calzada de Tlalpan se ha convertido en uno de los principales corredores de trabajo sexual en la Ciudad de México, incluso de América Latina. Con varios kilómetros de extensión que abarcan desde la avenida Pino Suárez hasta más allá del sur del Estadio Azteca, esta avenida representa el espacio laboral de cientos de compañeras trabajadoras sexuales nacionales y extranjeras. 

Yo llegué a trabajar a Tlalpan en el año 2010, cuando estaba a la mitad de mis estudios universitarios en la UNAM. No había mucha oferta para elegir más allá de los trabajos precarizados cuando eres una mujer transexual. Así que, sin dudarlo mucho, acepté la propuesta de una amiga originaria de Tabasco que llevaba ya varios años trabajando como -escort- en esa zona. 

Este 2026 cumplo dieciséis años de ser trabajadora sexual en la Ciudad de México. He vivido la crisis de seguridad del gobierno calderonista, la telenovela que se convirtió en la política de Peña Nieto y la llamada “Cuarta Transformación” de Andrés Manuel López Obrador. Esta travesti ha visto pasar tres sexenios y en ninguno de ellos hubo cabida para los derechos laborales de las putas. 

Y es que nosotras lo mismo hemos atravesado la pandemia por covid, la llegada del narcotráfico a puntos de trabajo sexual y los operativos antitrata que criminalizaban a nuestros clientes cerrando centros nocturnos. Pero nunca antes había visto consecuencias tan crueles como la llegada del mundial de fútbol a México. 

No llegamos todas al Mundial

Con sede en tres ciudades del país: Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México. Desde que la presidenta Claudia Sheinbaum anunció este evento internacional, esa misma que con su victoria aseguraba “llegamos todas las mujeres”, la realidad es que no llegamos todas. Faltamos las mujeres de la clase trabajadora, entre ellas las putas.

En consonancia con el discurso de un ‘mundial inclusivo’, la jefa de gobierno Clara Brugada junto con el secretario César Cravioto dieron a conocer un proyecto de ciclovía nombrado como “La Gran Tenochtitlán” que conectará al zócalo capitalino con las inmediaciones del estadio Azteca al sur de la capital, recinto donde se realizarán los partidos de fútbol. 

Paradójicamente, este megaproyecto que contempla 58 puntos de inclusión se hace precisamente sobre la calzada de Tlalpan desplazando al comercio popular, afectando la circulación vehicular, a los vecinos y, por supuesto, a las trabajadoras sexuales de la ciudad.

El trabajo s*xual tiene historia en México 

Como la propia historia nos hace ver, cuando un mundial llega a un país, viene acompañado de turistificación pero también de limpieza social para dar la mejor cara a los visitantes nacionales y extranjeros. Las trabajadoras sexuales nos convertimos en un interesante nicho de consumo y entretenimiento. Somos, pues, un “mal necesario” que poco o nada importa a los gobiernos en turno. 

Demonizadas o criminalizadas, las putas siempre hemos existido en este país. Se han trazado imaginarios caricaturescos a partir de hechos de nota roja como “Las poquianchis”, un grupo de cuatro hermanas que explotaban sexualmente a chiquillas en León, Guanajuato, confabuladas con la policía y autoridades locales. 

Y aunque eso sucedió entre la década de los años cincuenta y sesenta, lo cierto es que hoy el tema sigue más vigente que nunca. La sociedad sigue confundiendo el trabajo sexual con la trata de personas con fines de explotación. Las poquianchis fueron sentenciadas a más de cuarenta años de prisión y desde luego ningún servidor público o cacique de aquella época fue acusado ni judicializado. 

Las putas hemos estado en esta ciudad mucho antes que los mundiales. Ha habido ya varios intentos de reconocer nuestra chamba desde la formalidad del Estado. Así me lo ha platicado Esther Ruiz, líder puta y una mujer oaxaqueña a la que conocí por allá del 2019 en el marco del día de muertas. 

Por esas fechas montamos la ofrenda dedicada a las trabajadoras sexuales del metro Revolución, antes llamada avenida Puente de Alvarado, otra de las zonas históricas del talón en la capital. Y lugar donde Paola Buenrostro, mujer trans trabajadora sexual que fue asesinada en octubre de 2016, cuya impunidad en su caso marcó un precedente en la lucha de los derechos de las personas trans en México. 

En 2004, feministas y luchadoras sociales como Martha Lamas y Jesusa Rodríguez hicieron un frente común con las trabajadoras sexuales para denunciar el hostigamiento policiaco, la limpieza social que exigían los vecinos y los operativos para encarcelar a las putas. 

-Hubo hasta mesas de trabajo con Andrés Manuel López Obrador, me dice Esther. El oficio DGSP/SPCI/1912/04 firmado por el entonces director de Seguridad Pública de la delegación Cuauhtémoc, Mario Alberto Camacho, selló una especie de “tregua” entre las -sexoservidoras- y el gobierno de López Obrador. 

Esto no pasó desapercibido y pronto hubo enfrentamientos entre los vecinos de las colonias Tabacalera, San Rafael y San Fernando contra las trabajadoras sexuales independientes donde el presidente de la entonces Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Emilio Álvarez Icaza tuvo que intervenir para la mediación. 

Años después, el propio Álvarez Icaza sería denunciado por una supuesta malversación de recursos que el gobierno de México daría a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para financiar a expertos independientes en el caso de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. 

El debate para regular el Trabajo S*xual sigue 

En el debate sobre las putas ningún servidor público quiere salir raspado, pero a quienes impacta más crudamente la omisa política pública son a las propias putas. La Ley del Trabajo Sexual para el Distrito Federal en 2005 nunca avanzó, pero sí la limpieza social.

El más reciente intento que hizo la Ciudad de México para regularizar de cierta forma nuestra chamba en la calle sucedió en 2021. El exdiputado del grupo parlamentario de MORENA, Temístocles Villanueva Ramos, presentó una iniciativa para reconocer el trabajo sexual a través del esquema de la Ley de Trabajo No Asalariado que nos reconocería como trabajadoras sin un ingreso fijo mensual. 

Recuerdo que en esas conversaciones nos enfrentamos con una realidad que ya había cambiado desde hacía tiempo. El trabajo sexual se diversificó a lo digital. El imaginario de la trabajadora sexual parada en una esquina se ha difuminado con el tiempo. El Onlyfans, los grupos de chats, las páginas de internet y agencias de escorts nos han empujado a otro lugar: la calle cambió y quienes nos paramos en ella nos estamos quedando atrás. 

Pronto esa propuesta legislativa se desvaneció ante la incapacidad de llegar a consensos entre los propios colectivos y organizaciones de trabajadoras sexuales en la capital. Tampoco ayudó la insistencia en la propuesta del pago de impuestos en proporción a nuestros ingresos. Como si las putas y la clase trabajadora no lo hiciéramos ya de por sí. 

Porque la limpieza social, ya sea a través de la política pública o con la llegada de megaproyectos, no solo es un tema de desplazamiento de los cuerpos incómodos. Son acciones adheridas a un proyecto fascista más grande: descartar las vidas indeseables y acentuar más la desigualdad social para establecer control y dominación estatal. Casi siempre acompañado de represión policiaca o militar.

Un protocolo mundialista sin las p*tas

No es casualidad que el 9 de septiembre del año pasado el jefe de la policía de la CDMX, Pablo Vázquez Camacho, anunciara en conferencia de prensa la creación de un protocolo de seguridad para prevenir el turismo sexual y la trata de personas en los hoteles de Calzada de Tlalpan durante el mundial de fútbol. 

“Asegurar que no haya afectaciones. Establecer códigos de conducta, vestimenta y horarios para que no afecten a vecinos de la zona.” Dijo también César Cravioto en esa misma conferencia. 

Hasta el día de hoy, a pocos meses del comienzo de este mundial, ninguna dependencia de gobierno se ha acercado a las trabajadoras sexuales para consultar cómo podría impactar este protocolo y los operativos antitrata en nuestro trabajo una vez que empiecen a llegar los clientes de diferentes partes del mundo a consumir nuestros servicios. 

Porque la derrama económica que dejaremos las putas no es un asunto menor. Este mundial de fútbol ha creado las condiciones idóneas para el cobro de piso, la extorsión, el consumo y la corrupción en general.

Las demandas NO atendidas de las Trabajadoras S*xuales

Y aunque ha habido mesas de diálogo con el subsecretario de la capital, Fadlala Akabani, el avance en el pliego petitorio de las trabajadoras sexuales independientes se ha estancado

Entre las principales demandas de las colegas se encuentran:

  1. El acceso al seguro de desempleo como una consecuencia de la construcción de estas obras.
  2. Integración en el programa de vivienda INVI.
  3. Seguridad en las zonas de trabajo sexual de Calzada de Tlalpan.
  4. La reparación integral del daño por las afectaciones laborales. 

Y es que en cuanto la Secretaría de Obras de la CDMX comenzó con los trabajos de la ciclovía y el puente elevado en avenida Tlalpan, los problemas comenzaron. Un grupo de trabajadoras sexuales independientes de la zona del metro San Antonio Abad y Chabacano se han manifestado por los daños que esto ha generado a su economía e incluso a su salud. 

El polvo, el material de construcción y la maquinaria pesada no solo obstaculizan que las colegas puedan acercarse a los clientes, negociar o ingresar a los hoteles, sino que también les generan dificultad para respirar, ojos irritados, lesiones en la piel y hasta caídas accidentales. 

Cuando los megaproyectos del mundial de futbol son pensados para los turistas y la “buena ciudadanía”, las putas y la gente que habita las calles representamos un impedimento incómodo.

-Será un mundial inclusivo- dijo la jefa de gobierno. Pero empezaron con el pie izquierdo y, a pocos meses del inicio del evento, las trabajadoras sexuales hemos recurrido a la última alternativa que el Estado deja: la movilización comunitaria y la protesta social.

La lucha de las p*tas es una lucha de todos 

A mediados de febrero de este año, un grupo de defensoras de derechos humanos fuimos convocadas a una consulta pública para la creación del Plan General de Desarrollo de la Ciudad de México 2025-2045. Reitero lo que dije aquella vez: 

Creo que los activismos LGBT hemos fracasado en la posibilidad de hacer pedagogías que conecten con el resto del pueblo, con la clase trabajadora. 

Tenemos que empezar a hablar no desde el regaño ni la superioridad moral, hay que sentarnos a hablar con los vecinos que marchan contra la gentrificación, con los comerciantes que fueron desalojados de sus locales por el encarecimiento de las rentas, con las trabajadoras del hogar que luchan por la seguridad social

El Estado no es el único que ha fallado. A las putas nos urge empezar a hablar de derechos laborales y nuestro derecho a la ciudad. En la medida en que tengamos la capacidad de articular con otros sectores sociales, con otras luchas sindicales, podremos hacer frente a los megaproyectos que desplazan, encarecen y jerarquizan las vidas descartables, los cuerpos nacidos para odiar. Porque esos cuerpos hemos pisado el asfalto de esta ciudad mucho antes que cualquier mundial.

Natalia Lane es puta de calle desde hace quince años, sobreviviente y transexual desobediente. Estudió comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, hizo estudios especializados de periodismo en la Universidad de Antioquia en Colombia. Es luchadora social desde 2007, año en el que salió al mundo abiertamente como joven trans en un momento histórico donde la narrativa del -cuerpo equivocado- dominaba al activismo trans. Ha publicado en medios como Animal PolíticoGatopardoRevista NexosEl País y Vogue Latinoamérica. Su experiencia comunitaria ha logrado tejer redes importantes con otras colectivas putas como AMMAR en Argentina, La Red Comunitaria Trans en Colombia y el Colectivo Intercultural en Nueva York. Fue consultora nacional para la Global Network of Sex Work Projects (NSWP) de Europa y ganadora del MTV Miaw 2022 a activista LGBT del año en México. Su activismo no busca la necropolítica de lo trans, ni el discurso de la ternura radical como única posibilidad. Se sabe conflictiva, borracha y contradictoria. Es decir, una puta de calle. En 2023 fundó la Coalición Laboral Puteril, el primer sindicato de trabajadorxs sexuales en la Ciudad de México. Actualmente, busca justicia y reparación en vida en el sistema penal por su intento de transfeminicidio. No quiere ser la primera militar trans, se resiste a la domesticación.