“Nunca me sentí menos que nadie por ejercer el trabajo sexual”

Mar 17, 2026
“Nunca me sentí menos que nadie por ejercer el trabajo sexual”
Photo by Hiep Duong / Unsplash

Lourdes y Fernanda* son dos trabajadoras sexuales ecuatorianas. Lourdes Herrera, de 52 años, trabajadora sexual desde hace 35, es lideresa en el cantón Milagro, uno de los 25 cantones de Guayas y una de las provincias más grandes de Ecuador. Actualmente es la Presidenta de la Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales del Cantón Milagro y la Zona 5. 

Fernanda, 42 años, es trabajadora sexual desde la niñez. Junto a compañeras trans labora en Ibarra, capital de la provincia andina de Imbabura, con ellas ha formado una comunidad que se sostiene y protege frente a los abusos policiales, la discriminación y el estigma que persiste en la sociedad. A pesar de los intentos, no han podido formalizar una asociación, pero tienen el apoyo de la Asociación Unión T, organización que defiende los derechos de las personas LGBTIQ+ en Ibarra. 

A lo largo de los años, las dos han enfrentado vulneraciones, pero coinciden que el trabajo sexual les ha permitido solventar las necesidades de sus familias. Hace poco Lourdes se graduó como abogada y la hija de Fernanda también terminó sus estudios universitarios. 

En el día a día buscan que sus derechos y los de sus compañeras sean reconocidos y respetados al ejercer este trabajo que ha ido en crecimiento y evolución, como muestra de ello en Simple Escort Ecuador quienes más ejercen el trabajo sexual son personas de género feminino (87%), seguido por las personas transexuales (11%) y personas masculinas (2%). 

En esta entrevista ambas, que no se conocen, comparten sus perspectivas sobre la profesión, la conquista de derechos y cómo ha evolucionado esta actividad. 

¿Cómo se formó la organización que usted lidera? 

Lourdes: La Asociación de Mujeres Trabajadoras Sexuales del Cantón Milagro y la Zona 5 se formó en el 2015. La organización comenzó justamente porque las autoridades de ese momento empezaban a molestar a nuestras compañeras del trabajo callejizado en Milagro. Entonces formamos un grupo de compañeras y decidimos tomar acciones como asociación, iniciamos 10 y actualmente somos 90 compañeras que ejercen el trabajo en las calles y en los prostíbulos, también hay compañeras que lo realizan en espacios digitales, pero son poquísimas. 

¿Usted pertenece a alguna asociación en la ciudad de Ibarra? 

Fernanda: Tenemos el deseo de conformar una asociación porque hay personas como yo ya muy adultas, yo tengo casi 24 años trabajando aquí, pero no hemos podido porque no contamos con el dinero para asumir los trámites de la creación de una organización, a veces no llegamos a completar ni para nuestras deudas.

¿En estos casi 11 años como asociación qué se ha podido lograr para que las autoridades respeten el trabajo sexual como un derecho? 

Lourdes: Hemos trabajado muy duro. Me he mantenido al frente de la organización en primera instancia como presidenta, después como vicepresidenta. Y el año pasado de nuevo me eligieron como presidenta. 

En estos años hemos tenido logros y cambios, hemos trabajado a la par con las autoridades locales. Ahora, las autoridades respetan el trabajo de nuestras compañeras en las calles. 

Cada cierto tiempo que tenemos autoridades nuevas, nosotras nos acercamos a ellas para contarles sobre los acuerdos establecidos. Trabajamos por nuestros derechos en conjunto con la Junta Cantonal, Municipio, Comisaría, Jefatura Política, Unidades Judiciales, que nos dan talleres, charlas sobre derechos humanos. 

No podemos quedarnos calladas frente a alguna situación negativa de las autoridades contra alguna compañera. Las compañeras están empoderadas y saben que inmediatamente tienen que comunicar a su representante para de alguna manera resolver la situación.

¿Qué significa para usted alcanzar estos derechos? 

Lourdes: Esto ha sido una lucha fructífera, hemos trabajado poco a poco, hemos empoderado a nuestras compañeras, se han hecho acuerdos con autoridades. 

Me siento con la satisfacción de que la organización sí está siendo escuchada dentro de mi cantón. No digo que estamos al ciento por ciento satisfechas en la cobertura de las necesidades pero sí en lo más necesario. 

Le comento, por ejemplo, que por nuestra gestión, logramos tener nuestras propias bóvedas en el cementerio del cantón Milagro. El Municipio nos dio un espacio en el cementerio, donde nosotras podamos tener una sepultura digna.  

¿Cómo es ejercer el trabajo sexual en Ibarra? 

Fernanda: Ha sido una situación de riesgo, los policías clausuran los hoteles para que no tengamos acceso. Entonces hemos tenido que trabajar en las calles. Una compañera trans venezolana, por la necesidad se subió a un carro y la mataron. La mató un hombre de una forma muy atroz. Tuvimos que hacer lo imposible para poder sepultarla porque la mamá era muy viejita y no vivía en Ecuador. 

El 9 de marzo de 2024, Martha, una mujer trans que ejercía el trabajo sexual en Ibarra, fue asesinada por un cliente que no quiso pagar lo acordado, el hombre la mató con dos golpes en la cabeza con un tubo de acero. 

Siempre las compañeras trans están sufriendo, los policías se refieren a ellas como ‘maricones’, les dicen a la gente ‘¿no les da asco?’ y siempre les amenazan que las van a llevar presas, que van a cerrar los hoteles. 

Nosotras realizamos trabajo sexual porque tenemos que buscar la manera de subsistir para ayudar a nuestra familia. 

[Los policías] nos amenazan, y siempre nos arriesgamos a que nos pase un sin número de casos que no hemos podido denunciar. Hace tiempo, yo sufrí una agresión de un hombre que me golpeó tanto que me sacó los dientes y los policías se reían decían ‘que eso nos buscamos nosotras’. 

En la calle sufrimos agresiones pero callamos porque para las autoridades somos como un objeto de chiste, no les interesa ninguna situación. Ellos ven al trabajo sexual como que fuera el peor pecado. En las noches hacen batidas, toman fotos, cierran hoteles, y no ven los verdaderos problemas que hay en la sociedad. 

Nos sentimos discriminadas y mucho más las compañeras transgénero, sufren agresiones verbales y discriminación. Muchas veces hemos querido protestar, pero nadie nos presta atención. 

Para minimizar los riesgos en la calle, ¿usted ha pensado en ejercer el trabajo en la creación de contenidos o en el trabajo sexual en plataformas virtuales? 

Fernanda: Para nosotras esas son cosas modernas que nosotras no manejamos. Preferimos trabajar en las calles, físicamente ver al cliente y que nos vean, así no nos involucran en problemas como en citas falsas a través de nuestra imagen. 

¿Qué proyectos se han realizado en cuanto a la salud sexual y reproductiva? 

Lourdes: El año pasado teníamos el inconveniente de que no había casi todos los insumos para las compañeras [en los hospitales públicos ]. Actualmente, no estamos super bien, pero se mantiene la entrega de insumos para las compañeras trabajadoras sexuales, así mismo, se están haciendo las pruebas rápidas para el herpes zoster, clamidia, tamizajes, vacunas. 

¿Y en cuánto a la atención en salud integral? 

Lourdes: Nosotras llegamos a acuerdos muy buenos con las autoridades. Si necesitamos alguna atención médica como salud mental, medicina general u odontología, la solicitamos para que nos hagan la derivación y accedemos sin problema. 

¿Cómo es la atención que ustedes reciben en la salud pública? 

Fernanda: Nosotras nos cuidamos mucho, cada tres meses nos hacemos la prueba del VIH, tenemos un carnet de salud, estamos en chequeos mensuales. Usamos el preservativo, aunque a veces no es totalmente seguro, a veces las personas no quieren usar preservativo, a veces se puede romper y ese es un riesgo para contraer alguna enfermedad. 

Yo estoy agradecida con la señorita Karen Salas  [Representante de la Asociación LBGTIQ+ Unión T] . Ella nos ayuda cuando necesitamos que nos cambien las placas dentales o cuando nos duele algo ella nos consigue una cita médica. 

Ella nunca nos ha dado la espalda, Karen ha estado pendiente de nosotras, de que estemos con los carnets al día, a veces hasta con el cuidado de los hijos. Por ejemplo, si un hijo está enfermo, nos ha ayudado para agendar rápido en el hospital. Karen nos regala preservativos, ella siempre nos ha brindado bastante apoyo. 

¿Qué significaría regularizar el trabajo sexual en Ecuador?  

Lourdes: Entre el 2013 y 2024, nosotras junto a otras organizaciones a nivel nacional nos unimos para empezar a trabajar por la regularización, dejamos un borrador de ley en la Asamblea Nacional, donde supuestamente se iba a trabajar, pero todo quedó en papeles porque para las autoridades, el trabajo sexual no es significativo. 

Desde mi perspectiva, sería un gran logro, que el país entero reconozca que lo que realizamos no es un trabajo que debería estar oculto, sino que debería ser reconocido. Como cualquier trabajador deberíamos tener todas las condiciones, tener todas las garantías. Pero aún en el siglo XXI hay explotación laboral, empezando por los dueños de locales que todavía se atreven a hacer cosas que no deberían. 

¿Qué significa ser trabajadora sexual en Ecuador? 

Lourdes: Soy una mujer empoderada, nunca me sentí menos que nadie por ejercer el trabajo sexual. De este trabajo, saqué muchas cosas buenas, pude darles la educación a mis hijos, tener mi tener mi propia vivienda, tener mis cosas, avanzar en mis estudios. El año pasado recién me gradué como abogada de la República. 

Para mí, el trabajo sexual ha sido una experiencia muy buena y que he compartido con muchas compañeras y muchas de ellas están siguiendo mis pasos, pues están estudiando, muchas se han graduado del colegio, otras están siguiendo la universidad, otras han seguido cursos, talleres. 

Saben que tienen que seguir preparándose porque el trabajo sexual no es un trabajo de por vida, es un trabajo momentáneo. 

El trabajo sexual no significa solamente empoderarnos a nosotras, también empoderar al cliente en el uso del condón. Le comento que hay todavía clientes que no aceptan usar condón, pero entonces eso no se negocia. Es así de sencillo.

¿Cómo eran las condiciones en el momento que usted comenzó en el trabajo sexual? 

Lourdes: Yo inicié en 1991, en esos tiempos no había derechos, ni empoderamiento para las mujeres. Había mucha explotación, muchos proxenetas. Por muchos años la atención en salud fue muy escasa.  

Actualmente ya no trabajo en el trabajo sexual callejizado. No trabajo en una esquina, pero sí lo hago virtualmente. Para mí ha sido muy bueno porque ya dejé de trabajar donde todo mundo me veía, trabajo por medio del teléfono haciendo citas y me encuentro donde se acuerda con el cliente. 

Fernanda: A lo mejor todas las historias parecen diferentes, pero todas tenemos una historia parecida. Desde los 11 años, estoy en la calle, he sufrido maltrato, violencia sexual, abandono desde niña. Aquí en la calle todas somos iguales, estamos en la calle por la violencia que hemos vivido, lo cual ha llevado a  que seamos madres solteras, madres jóvenes y nos ha tocado subsistir de esta manera porque no ha habido otra oportunidad. 

No se puede llegar ni al salario básico, una tiene que endeudarse, buscar la manera de solventar. Yo hablo como madre, nunca quisiera que mis hijas llegaran a esta situación, únicamente nosotras sabemos qué pasa en esas cuatro paredes a veces por 10 dólares que nos pagan, tenemos que aguantar abusos o groserías porque nos dicen ‘ya te pagué haz esto, haz lo otro’. Nosotras hacemos los esfuerzos porque no queremos que los hijos tengan la misma vida ni nunca pasen las cosas que nos han pasado.

¿Cree que la edad ha sido un reto para seguir trabajando o tal vez es una ventaja? 

Lourdes: Como se sabe el trabajo sexual es por medio de la belleza del cuerpo de la mujer. En mi caso, en el trabajo sexual online trabajo con clientes ya conocidos, y para ellos la edad no es un problema. 

En esta fase de la edad que tengo, en vez de dar un trabajo sexual, damos un trato especial. Por ejemplo, damos apoyo psicológico, conversamos con las personas que tienen problemas con su pareja o de alguna otra situación. Hay personas que me buscan a veces hasta para desahogar sus mentes, pues converso con ellos y si tengo algún consejo, se los doy. 

Fernanda: La mayoría de nosotros que trabajamos en la calle somos personas adultas, que no estamos en condiciones para trabajar en un local. Tenemos hijos grandes, tenemos familia. Entonces, trabajar en un local es esclavizarse claramente, porque si no tomas [licor], no haces plata. Allí hay que cumplir un horario, y hay que pagar para salir. 

En la calle podemos salir a la hora que sea, si tenemos una necesidad nos vamos, si estamos enfermas podemos faltar. Sabemos con quién irnos o con quién no, no estamos obligadas a nada. Nosotras trabajamos en la calle porque tenemos el control

*Por motivos de seguridad, Fernanda pidió no ser citada con su nombre real. 

Mayuri Castro es una periodista ecuatoriana, especializada en Género, Violencia y Derechos Humanos. Tiene amplia experiencia en medios de comunicación digital, trabajó como reportera en el medio ecuatoriano GK, también ha publicado sus artículos en Mongabay LatamIndómita Media y La Barra Espaciadora. Cuenta con sólida trayectoria en investigación periodística, coordinación de proyectos, análisis de datos abiertos, escritura narrativa y creación de contenidos digitales para diferentes plataformas. Ha sido becaria en programas internacionales.