En la capital de República Dominicana, la resiliencia de algunos colectivos altamente discriminados se convierte en una práctica cotidiana: elegir con quién contar, a qué hora moverse, de qué poder trabajar y cómo protegerse.
La posibilidad de construir autonomía y comunidad convive con barreras institucionales y sociales que condicionan el acceso a derechos básicos, entre ellos el laboral. Es por ello que, para este colectivo, hablar de estrategias de supervivencia implica mirar más allá del relato individual.
Aquí la resiliencia se sostiene en redes de amistades, de colectivos, de asociaciones y de espacios culturales que funcionan como lugares de pertenencia, apoyo y afirmación identitaria.
Barreras estructurales: cuando la discriminación se vuelve rutina
Los obstáculos que enfrenta la población trans tienen un claro componente estructural. Muchos informes internacionales señalan que el país carece de una legislación integral antidiscriminación que cubra de manera amplia la orientación sexual y la identidad o expresión de género. Esto deja vacíos de protección y dificulta exigir respuestas efectivas ante abusos o exclusiones.
Además, distintas organizaciones de derechos humanos han señalado la ausencia de un procedimiento de reconocimiento legal de género, lo que puede generar fricciones en trámites cotidianos y en el acceso a servicios cuando la identidad de una persona no se corresponde con su documentación.
La dimensión de estos problemas aparece reflejada en datos recientes levantados por sociedad civil. En diciembre de 2025, TRANSSA difundió resultados de una encuesta en la que el 74,6% de las personas LGBTI+ consultadas afirmó haber sufrido violaciones de derechos humanos en los últimos cuatro años, con afectaciones especialmente reportadas en educación, salud, justicia y trabajo. Más allá del porcentaje, el dato sugiere un patrón: cuando el acceso a servicios esenciales se vuelve incierto, la supervivencia deja de depender solo del esfuerzo individual y pasa a depender de redes de apoyo y estrategias compartidas.
Autodeterminación e identidad: orgullo como estrategia de vida
Ante este panorama, la resiliencia trans no se limita a “resistir”, sino que también se afirma. La autodeterminación, es decir, nombrarse, presentarse y vivir la identidad propia, se convierte en una estrategia frente a un entorno donde el juicio social suele en discriminación directa. Así, el orgullo, entendido de forma amplia, funciona como una manera de afirmar dignidad cuando el entorno la cuestiona.
En la práctica, esto se aplica en decisiones pequeñas pero significativas: crear una estética propia, elegir espacios donde la expresión de género no sea motivo de burla o agresión, o construir círculos donde el nombre y los pronombres se respeten.
Oportunidades en empleo: autogestión y dignidad
Al igual que en muchas otras capitales, la exclusión del empleo formal empuja a muchas personas trans hacia economías informales o sectores donde el estigma es mayor, pero la entrada es más accesible. Un ejemplo de ello es el trabajo sexual en el entorno digital, donde la autogestión se convierte en una herramienta de autodeterminación.
En plataformas como SimpleEscort, las mujeres trans que ejercen encuentran una oportunidad de generar ingresos de forma independiente y sin intermediarios, pues son totalmente libres de definir sus horarios, construir y filtrar clientelas, establecer límites y condiciones, organizarse con otras personas para reducir riesgos y sostener ingresos.
Sin embargo, conviene subrayar algo: hablar de “trabajo” en este contexto no es romantizar la precariedad. Es reconocer que, cuando las puertas institucionales se cierran o se abren solo a medias, el margen de elección se estrecha. Y es entonces cuando la resiliencia se materializa en decisiones prácticas como las mencionadas.
La noche como territorio: espacios alternativos de pertenencia y trabajo
Asociada al lado más tabú de la sociedad, la noche cumple funciones que van más allá del ocio. Para parte de la comunidad trans y LGBT+, los espacios nocturnos, ya sean fiestas, locales específicos o incluso eventos culturales, suelen actuar como refugios temporales donde la expresión identitaria es menos vigilada y donde se tejen redes.
La existencia de muestras culturales y eventos públicos vinculados a la diversidad también forma parte de esa cartografía de la visibilidad. Actividades como la Caravana del Orgullo LGBTIQ+ en Santo Domingo han mostrado, en los últimos años, un esfuerzo por ocupar el espacio público y hacer visible una demanda de igualdad.
En paralelo, iniciativas culturales como el Santo Domingo OutFest han sido presentadas como plataformas de sensibilización y de debate social a través del cine, contribuyendo a crear espacios alternativos de encuentro.
Solidaridad y redes: el apoyo mutuo como respuesta a la discriminación estructural
Ante la falta de respuesta por parte de los sistemas formales, este colectivo se organiza en redes comunitarias que operan como una infraestructura paralela. Estas ofrecen desde acompañamiento emocional hasta información práctica y legal: dónde acudir ante una agresión, cómo gestionar una denuncia, qué centros son más accesibles, o qué zonas conviene evitar en determinados horarios.
Un indicador claro de esta necesidad es la persistencia de la infradenuncia. En la encuesta anteriormente mencionada y difundida por TRANSSA, se señala que muchas personas no denuncian por desconfianza institucional, miedo a represalias o normalización de la violencia. Esa falta de denuncia formal no significa ausencia de respuestas: muchas veces significa que la primera línea de protección se construye en comunidad.
Otras entidades también ofrecen rutas de ayuda, como el Observatorio de Derechos Humanos para Grupos Vulnerabilizados (ODHGV). En este caso, publica una línea de auxilio gratuita y se describe como un espacio de acompañamiento para distintos grupos, incluyendo colectivos LGBTI. Y en materia de herramientas de prevención y autoprotección, el PNUD en República Dominicana ha difundido publicaciones elaboradas junto a actores locales que buscan orientar sobre rutas y prácticas de seguridad desde un enfoque de diversidad.
Por lo tanto, aunque existan barreras institucionales, la comunidad desarrolla formas de acogida para sostenerse.
Reconocimiento de derechos: avances parciales, tensiones persistentes
En relación a lo mencionado, el reconocimiento de derechos en República Dominicana ha avanzado de forma irregular, a través de decisiones puntuales más que de reformas integrales. Un ejemplo reciente es la sentencia del Tribunal Constitucional que declaró inconstitucionales disposiciones que penalizaban conductas sexuales entre personas del mismo sexo dentro de la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, una decisión destacada por medios y organizaciones de derechos humanos.
Sin embargo, avances como este no eliminan de inmediato la discriminación cotidiana ni sustituyen la necesidad de marcos legales más amplios. Por lo tanto, la resiliencia trans en el país se construye entre dos realidades: pequeñas grietas de reconocimiento y barreras persistentes en el acceso a empleo, justicia, salud y seguridad.