El trabajo sexual como infraestructura social de la resistencia obrera petrolera

Feb 27, 2026
El trabajo sexual como infraestructura social de la resistencia obrera petrolera
Photo by Christine Ellsay / Unsplash

La historia del trabajo sexual no puede ser comprendida solo desde la práctica económica individual o como manifestación de una realidad laboral en donde mayoritariamente están las mujeres excluidas, pobres y discriminadas. Por el contrario, se hace necesario poner de presente que el trabajo sexual ha operado en múltiples contextos históricos, como un espacio de relacionamiento social, político y de construcción de reconocimiento de derechos.

La relación entre trabajo sexual y el sector minero en Colombia 

En el contexto minero energético, que es un sector extractivista donde se ve la opulencia por los réditos que deja la explotación de carbón y el petróleo, existen marcadas desigualdades sociales, y es aquí en donde el trabajo sexual ha desempeñado un papel importante en territorios laborales mayoritariamente masculinizados. En estos espacios se han instaurado dispositivos que han permitido la reproducción de condiciones de explotación, precariedad y subordinación impuesta por el capital y por el orden moral, de quienes ven a los obreros y a las trabajadoras sexuales de manera excluyente por su condición de clase.

Desde esta perspectiva el trabajo sexual se ve y se analiza como una forma de trabajo mayoritariamente feminizado, pero sobre todo altamente estigmatizado, cuya desvaloración ha operado como mecanismo de control y exclusión. Sin embargo, esta exclusión en la historia no ha logrado la capacidad política tanto para las mujeres como para los obreros, sino que ha potenciado la fuerza de las trabajadoras sexuales y de los obreros en procesos organizativos de gran importancia, consolidando repertorios y ciclos de protesta  (Tilly & Wood, 2010; Tarrow, 1997) a partir de la persecución de intereses por parte de las clases marginalizadas, y de la disputa con el Estado y las empresas extractivistas, en su mayoría transnacionales, en coyunturas sociopolíticas particulares – huelga mencionar, en el caso colombiano, los ciclos de proyecta en la segunda década del siglo XX en Barrancabermeja, o el paro petrolero de la década de 1970. De este modo el trabajo sexual se inscribe en la historia más amplia de lucha por el reconocimiento de los derechos laborales y sociales de dos grupos de sujetos históricamente excluidos a inicios del siglo XX.

En este sentido, la historia del trabajo sexual no puede leerse como un relato paralelo o ajeno a las luchas obreras, sino como parte constitutiva de los procesos de organización popular y sindical que se gestaron en contextos de exclusión, precariedad y negación de derechos. Lejos de ser espacios marginales, los territorios y las prácticas estigmatizadas cumplieron un papel central en la gestación de solidaridades políticas y formas alternativas de lucha colectiva, especialmente en momentos en los que el derecho de asociación aún no contaba con el reconocimiento jurídico ni legitimidad social. En pocas palabras: una violencia interseccional (con base en la clase, la raza y el género), permite la emergencia de una reivindicación igualmente interseccional por parte de las clases populares. Es precisamente en estos escenarios feminizados sistemáticamente desvalorizados y perseguidos donde se forjaron algunas de las experiencias más significativas del sindicalismo colombiano, como lo demuestra el origen mismo de la organización sindical petrolera más importante del país.

Del prostíbulo a la organización obrera: los orígenes silenciados del sindicalismo petrolero

La Unión Sindical Obrera de la Industria del Petróleo - USO, no nació en un salón institucional ni en un espacio respetable para la historia oficial del sindicalismo colombiano.  Nació en La Putana (“La Putana”, una canción sobre los derechos laborales en Colombia, s. f.), una quebrada que queda por el Magdalena Medio del país y en donde a inicios de siglo se ejercía el trabajo sexual en 1923, es decir: nació en el prostíbulo de la época. Este dato, tantas veces ocultado o tratado como anécdota incómoda, es en realidad una clave política y social para entender el sindicalismo petrolero en Colombia. La USO fue parida en un espacio feminizado, estigmatizado y popular, donde el trabajo sexual no fue marginal, sino central para la organización obrera. Pero además, nació cuando el reconocimiento al derecho de asociación de los trabajadores apenas estaba en sus primeros desarrollos a nivel mundial, por lo que no existía en la legislación colombiana. Para esa época no se llamaba la USO, se llamaba Sociedad Unión Obrera de los Trabajadores.

Cuando la industria petrolera se instaló en la bien llamada Capital Roja - como se denominaba para esa época la ciudad de Barrancabermeja en el departamento de Santander -, llegaron los ingenieros extranjeros y obreros nacionales, pero también llegaron las mujeres no solo de diferentes regiones del país, sino de otros países. Llegaron como compañeras sentimentales, como lavanderas, cocineras y también como trabajadoras sexuales. Ellas habitaron los mismos territorios de explotación, precariedad y vigilancia y convirtieron La Putana en un espacio de encuentro, refugio y organización sindical. Como lo relata el profesor Renan Vega Cantor (Vega Cantor et al., 2009) 

“En esta (refiriéndose a la ciudad de Barrancabermeja) se habían establecido prostíbulos y llegaban mujeres de varias regiones del país, e incluso de otros lugares del mundo, puesto que tras la leyenda de las fabulosos riquezas que estaban asociadas al “oro negro” venían las meretrices, interesadas en ganar dinero con la venta de su cuerpo y de sus amores pasajeros”. 

En esos lugares – perseguidos por la moral, pero imprescindibles para la vida cotidiana del enclave petrolero- los obreros hablaban sin capataces, ni ingenieros de la Tropical Oil Company de las condiciones infrahumanas que vivían. Allí circulaban las quejas, las rabias y las primeras ideas de organización para rebelarse contra estas condiciones indignas; y sí: estas mujeres que estaban allí les escuchaban, les apoyaban y les permitían conspirar las primera ideas de la organización sindical, en la clandestinidad. En este sentido, las trabajadoras sexuales antes que ser oyentes pasivas, fueron mediadoras, informantes, cuidadoras y muchas veces quienes sostuvieron material y emocionalmente a los obreros cuando la protesta les implicaba maltratos, despidos, injusticias, hambre y persecución.(«Cien años de la USO, el sindicato de los trabajadores petroleros que abrió el camino en Colombia», 2023)

El Magdalena Medio, marcado desde principios de siglo XX por la explotación petrolera estadounidense, fue un territorio de despojo, pero también de resistencia. La Tropical Oil impuso jornadas de 12 a 14 horas, salarios miserables y condiciones laborales inhumanas. Frente a ese régimen de explotación, la quebrada La Putana, el prostíbulo para los obreros, fue uno de los pocos espacios donde la palabra circuló libremente y donde comenzó a gestarse una conciencia colectiva por la organización sindical, pero también, un espacio de reivindicación por la nacionalización de la explotación petrolera.

Reconocer el papel de las mujeres que hacían trabajo sexual en el marco de la fundación de la USO el 10 de febrero de 1923, nos invita a romper con una narrativa masculina y moralizante del movimiento obrero: no fueron los obreros solos, fueron con la ayuda de las putas; pero eran las putas de segunda clase, las de los obreros, las de los pobres, así catalogadas por el Consejo Municipal de Barrancabermeja el 30 de abril de 1925 (Vega Cantor et al., 2009). Sin las mujeres que ejercían el trabajo sexual, no solo no había existido La Putana como espacio organizativo, sino que difícilmente se habría construido la red que permitió sostener la lucha sindical petrolera en sus primeros años.  Ellas hicieron posible el encuentro, la confianza y la continuidad de la organización cuando todo estaba en contra.

Economías de enclave, violencia armada y trabajo sexual en la formación del sindicalismo petrolero

Difícilmente se puede reconocer la historia del extractivismo en Colombia y en Latinoamérica, sin las expresiones y dinámicas de violencia que ella contiene. Dentro de estas se encuentran: la financiación de grupos paramilitares para perseguir líderes sociales que se oponían a las empresas; las arremetidas de los grupos guerrilleros contra los viaductos por los cuales se transportaba “el crudo” de petróleo; y la militarización de municipios enteros para defender los réditos de la explotación, expresados en regalías para el Estado, relegando estos territorios a ser economías de enclave. Pero también hay que contar: el auge de las formas de la mal llamada delincuencia común (extorsiones, robos, fleteos, y demás), la consolidación de culturas y subculturas de raíz violenta, y la llegada abundante de la prostitución. 

Lastimosamente, la historia del sindicalismo obrero petrolero se ha contado sin las putas, sin sus luchas y sin sus aportes al movimiento obrero. Pero hoy, se hace imposible seguirla contando sin nombrar a los cuerpos sistemáticamente marginalizados, estigmatizados y silenciados. El trabajo sexual no fue un hecho periférico: fue infraestructura social de la lucha obrera. La USO nació allí donde la dignidad se defendía desde los márgenes, y reconocerlo no deslegitima su historia, por el contrario, nos permite complejizarla, la hace más profunda, más honesta, y más fiel a la realidad de quienes la construyeron.

Referencias bibliográficas

  • Cien años de la USO, el sindicato de los trabajadores petroleros que abrió el camino en Colombia. (2023, marzo 22). La Pluma. https://www.lapluma.net/2023/03/22/cien-anos-de-la-uso-el-sindicato-de-los-trabajadores-petroleros-que-abrio-el-camino-en-colombia/
  • “La Putana”, una canción sobre los derechos laborales en Colombia. (s. f.). Recuperado 23 de febrero de 2026, de https://www.radionacional.co/cultura/historia-colombiana/la-putana-una-cancion-sobre-los-derechos-laborales-en-colombia
  • Vega Cantor, R., Núñez Espinel, L. Á., & Pereira Fernández, A. (2009). Petróleo y protesta obrera: La Unión Sindical Obrera (USO) y los trabajadores petroleros en Colombia (1923 - 2008). Corporación Aury Sará Marrugo.
  • Tilly Charles & Wood Lesley J. (2010). Los movimientos sociales, 1768-2008. Desde sus orígenes a Facebook. Barcelona: Editorial Crítica.
  • Tarrow Sidney. (1997). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Madrid: Alianza Editorial.
Pilar Peralta es abogada de la Universidad Autónoma de Colombia con más de 17 años de experiencia en la defensa, protección y exigibilidad de los derechos humanos de lxs trabajadores, las mujeres y las personas con orientación sexual e identidad de género diversa, con sólida trayectoria en derecho internacional humanitario y derecho constitucional. Ha liderado procesos estratégicos de incidencia política y jurídica de alto nivel en escenarios gubernamentales, legislativos y judiciales, orientados a la eliminación de desigualdades estructurales, la garantía efectiva de los derechos de las mujeres y la incorporación del enfoque de género, diferencial e interseccional en las políticas públicas. Su trabajo se ha centrado en la protección de mujeres en contextos de especial vulnerabilidad —incluidas mujeres privadas de la libertad, mujeres víctimas de violencias basadas en género y mujeres defensoras de derechos humanos—, así como en la transformación de marcos normativos e institucionales para asegurar el goce real y efectivo de sus derechos. Cuenta con amplia experiencia en asesoría jurídica, diseño de estrategias de litigio e incidencia, e investigación social feminista, orientada a la justicia social, la igualdad sustantiva y la garantía de derechos constitucionales.