Sex Siren: canto sudaka, trabajo sexual y celebración como resistencia

Feb 25, 2026
Sex Siren: canto sudaka, trabajo sexual y celebración como resistencia
Kiki Ball Perritxs de la Calle. PH Ximena Studillo.
Caminé Sex Siren en una Ball en París

Esta frase podría ser leída desde la absoluta incomprensión, como también desde el goce sudaka de quienes entienden a la perfección de qué estoy hablando; un cuerpo migrante semidesnudo en mitad de un rectángulo de miradas tensas, de cuerpos expectantes, de promesas y fantasías, pero también de sujetos que perpetúan  una subcultura marginal que tiene base allí en Francia y en cada lugar que he podido recorrer a lo largo de estos años en Latinoamérica.

Estoy hablando de un universo que gana año a año mayor visibilidad: la cultura Ballroom, y de un gesto común como es el caminar, que en este contexto se vuelve una declaración política de reconocimiento sobre el erotismo y la sexualidad como estrategias de supervivencia y modos de vida.

Este artículo nace ahí: de este verbo como acción, de esa caminata, y de su observación pública. También de la necesidad siempre urgente de escribir desde una mirada del Sur global, del deseo por dejar registro desde el interior de esta comunidad y de nombrar y dejar huella en torno a una categoría de competencia de esta subcultura LGBTIQA+ que se presenta como un acontecimiento único: la celebración del trabajo sexual. Porque Sex Siren no es solo una categoría de competencia como lo explicaré a continuación, sino que es una práctica cultural, una acción performativa y, en contextos sociales cada vez más antisexo, un gesto de resistencia queer.

Ballroom: un universo que se camina

Para quienes no están familiarizades con esta temática, Ballroom es una subcultura nacida hace más de cincuenta años dentro de comunidades afroamericanas y latinas queer y trans en Nueva York. Sí, sí, esa serie que viste llamada Pose. Un espacio creado por y para cuerpos expulsados de la norma y por ello muchas veces expulsados de sus hogares familiares biológicos o en ausencia total de ellos. Cuerpos que materializaban preguntas y teorías sobre el género incluso mucho antes de escribirse, cuerpos de los que Butler (2002) se sirve para poder escribir el capítulo El género en llamas, refiriéndose a la película del año 1990, Paris is Burning, unas de las producciones audiovisuales más conocidas que documentan esta subcultura. Ballroom se volvió un espacio de contención y de reconfiguración de nuevos entramados afectivos que permitieron crear otras estructuras familiares que perduran hasta hoy en día y que lograron llegar también al sur de Latinoamérica.

Ballroom también es un espacio físico y  simbólico donde poder disputar el poder y el capital que se maneja dentro de esta comunidad. Esta disputa se presenta en una Ball y concretamente en aquel rectángulo que nombré antes: la runway. El lugar donde esta comunidad compite en diversas categorías que van desde la destreza de la danza hasta el diseño, desde la celebración de estrategias de performatividad de género hasta la celebración de las estrategias de provocación sexual, y esta es justamente la que me interesa traer en carne propia. 

Sex Siren: la celebración como resistencia

Sex Siren emerge en los años noventa como una categoría que celebra explícitamente a quienes ejercen o han ejercido el trabajo sexual dentro de la comunidad. Estas sirenas sexuales avanzan en la runway con pequeños outfits, a veces transparencias o latex, con miradas desafiantes y actitud devoradora. En esta categoría lo que se evalúa es la capacidad de seducción, provocación y erotización que performan sus competidores, estxs sirenxs mirar fijo al jurado al tiempo que se dejan mirar por elles y el público presente, manejan la tensión y  suspenden una promesa sin ser accesibles. El Sex Siren trabaja con la expectativa de ser un próximo cliente, no se trata solo de llegar a desnudarse, sino de manejar el deseo de estar lo más cerca de ese cuerpo que respira sexo. De hacer sentir en el cuerpo del otres la excitación. Como plantea Linda Williams (1991) al teorizar sobre pornografía, hay imágenes que no solo se ven: se sienten. Estas sirenas sexuales buscan producir ese efecto y eso es un acto profundamente político.

Pero el trabajo sexual que celebramos se ha diversificado con el correr de los años y no se manifiesta solo en la prostitución en calle, tambien en la virtualidad, en la producción de imágenes y en los clubs, aquí caminan quienes ejercen esa multiplicidad de formas del trabajo sexual, trabajadores sexuales virtuales o TSV, quienes venden contenido, pornógrafes, strippers, trabajadoras de las artes eróticas, entre otres. En el Sur también hemos abierto paso a categorías como Face Sex Siren que celebra a quienes trabajan manteniendo la tensión sexual frente a la webcam dentro del mundo de la internet. Y hablo del Sur y en primera persona, al haber estado presente y de manera activa en estos espacios de celebración tanto en Argentina, en Chile y en Uruguay, en territorios donde los cuerpos, sus vivencias y sus formas de movimiento son distintas al Norte global desde donde surgió este acontecimiento ProSex. Y es que estar en el Sur, lejos, tanto territorialmente como temporalmente del punto de creación de esta categoría, ha permitido el desarrollo de algunas fracturas interesantes dentro del campo del Sex Siren sudaka y  que nos permiten generar discusiones y tensionar las formas en las que esta subcultura se replica y traspasa información de generación en generación, muchas veces solo de manera oral.

En el Sur, un lugar en el que el Sex Siren tiene una presencia fuerte dentro de la runway, se ha dado una particularidad, muchos de los sujetos que son - y en este caso me incluiré - o somos referentes de esta categoría encarnamos corporalidades muy distintas a las que podríamos llegar a  ver en algún video de Youtube con aviso +18 cuando buscamos referencias, o las mismas corporalidades con las cuales compartí en París hace unos días. Cuerpos gordos, con cicatrices de mastectomías visibles, cuerpos que no caminan sino que habitan la runway en silla de ruedas, cuerpos que viajan entre expresiones de género, identidades no binarias y mujeres trans sin hormonar o sin operaciones. En el Sur la resistencia está marcada no solo por la visibilidad del trabajo sexual, sino que además por dar espacio a la reconfiguración de la mirada, a una lucha por la dislocación del deseo sobre corporalidades hegemónicas y binarias. El Sur ensaya, como diría Nelly Richard, otras formas o maneras de existencia y de visibilidad corporal, la propia, la sudaka, la marrona, la local, en donde ejercer la acción de caminar Sex Siren se vuelve acción performativa, una manera de reconfigurar las propias narrativas sobre qué, cómo y con qué debemos erotizarnos en un espacio público y compartido.

De la runway a las redes sociales

Que el Sex Siren funcione como un espacio simbólico desde el cual el trabajo sexual se convierte en un ejercicio de agenciamiento podría explicar, en parte, por qué ha sido históricamente menos documentado, menos archivado o menos celebrada fuera de la comunidad. Por que si has llegado hasta acá en la lectura, sin ser parte de la comunidad o haber asistido a una Ball, seguramente algo de lo que lees te resuene, algo sobre estas competencias de Vogue Femme - un estilo visualmente popularizado - podrían llegar a haberte aparecido en algún video de tu red social favorita, pero videos o registros fotográficos de Sex Siren muy probablemente no. Esto no es casual. 

Durante años esta categoría ha presentado características similares en los territorios donde se camina: es una categoría que suele dejarse casi de las últimas, entrada la noche y cuando el público que fue a mirar por curiosidad ya se ha ido; quien tiene el micrófono suele pedir antes de que comience la categoría que no haya registros por parte de los asistentes presentes; si la Ball se transmite en vivo, el vivo suele cortar transmisión en ese momento.

Esto ha generado dentro de Ballroom una discusión por parte de quienes caminan la categoría desplegando preguntas sobre quiénes si y quiénes no tienen acceso a ser registrades, quiénes pueden o no tener representación en las imágenes, acción que ha posibilitado la gestión de protocolos de registro para estos sujetos que llegan a veces hasta la desnudez. Pero hoy, en plataformas como Instagram, las imágenes de Sex Siren son sistemáticamente censuradas. Imágenes borradas, cuentas suspendidas, prácticas castigadas. El algoritmo y las normativas sobre actividad sexual actúan como una policía moral que decide qué publicaciones merecen ser vistas y cuáles deben permanecer en las sombras.

La censura está cada día más presente y normalizada en una época en donde el Sur global experimenta un recrudecimiento en los discursos conservadores, antisexo y punitivistas — lo vimos recientemente con la decena de noticias maliciosas sobre el financiamiento estatal a la Muestras de Cine y Placeres Críticos de Chile, Excéntrico Fest —, por ello me parece importante afirmar que el Sex Siren emerge como un dispositivo de producción de contraimágenes inmensamente necesario.

Escribir y resistir. Grabar y archivar

La primera vez que escuché a alguien nombrar esta categoría fue el año 2019, momento en donde mi búsqueda digital tuvo muy pocos resultados. Hoy, y después de casi 7 años, internet ofrece mayor acceso al concepto, mayor cantidad de videos de Balls en diversos países e incluso una famosa canción de Rosalía en donde la nombra. Mayor visibilidad, pero no por ello mejores condiciones de vida para aquellxs trabajadorxs sexuales quienes por fuera de la runway siguen sosteniendo vidas precarias y violencias físicas y simbólicas, pero que aún así encuentran en este espacio de celebración, una fragmentación del tiempo en donde poder sonreír al ganar el gran premio llegando al final de la competencia. 

Hay quienes pensamos que escribir sobre el Sex Siren desde adentro es un mecanismo simbólico de resistencia, que crear espacios de diálogo, investigación y exploración dentro de la comunidad son maneras en las que poder construir memoria y futuro para sujetos que han permanecido históricamente invisibilizados. Así mismo poder documentar, poder generar registro e imágenes permite construir un archivo de vivencias que se niegan a desaparecer por más censura a las imágenes nos quieran imponer. Estas acciones son ejercicios contraculturales frente al disciplinamiento y son urgentes, como urgente es gozar de mirar y ser mirades. 

3, 2, 1, detente sirena ahí

Eso es lo que escucharían estas sirenas sexuales justo antes de terminar la competencia, entre sudor, jadeo y calentura junto a otro adversario.

En el Sur, el Sex Siren no es únicamente una categoría dentro de Ballroom, es un dispositivo político que no solo trata de replicar una tradición nacida en Nueva York, sino de tensionarla, traducirla y reescribirla. Sex Siren es celebración, es goce, es comunidad, y es sin duda un acontecimiento que yo recomendaría nunca perderse si alguna vez asistes a una Ball.

Quizás tengas la suerte de escuchar nuestros cantos de sirenxs.

Referencias

BOURDIEU, Pierre. Sociología y cultura. México, D. F.: Grijalbo. 1990.

BUTLER, Judith. El género en llamas. Cuestiones de apropiación y subversión. En: Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del «sexo». Buenos Aires: Paidós. 2002. p. 179-203.2002.

PUCH, Juliette. Acuario de Sirenxs. El Sex Siren como posibilidad de goce colectivo. Porto Alegre v.42 , n.1, jan./abr. 2024. En: http://seer.ufrgs.br/cena

RICHARD, Nelly. Los extravíos de la cita teórico-cultural: feminismos, estéticas travestis y teoría queer. En: Zona de tumultos: Memoria, arte y feminismo. Textos reunidos de Nelly Richard: 1986-2020. Buenos Aires: CLACSO. 2021. p. 285-310.

WILLIAMS, Linda. Film Bodies: Gender, Genre, and Excess. Film Quarterly, v.44 n.45. p. 2-13. 1991.

Juli Puch es artista cuir multidisciplinaria, mostra performática, performer y creadora de mundos eróticos. Actriz titulada de la Universidad Nacional de las Artes (Buenos Aires) y maestranda de la misma universidad de la Maestría de Teatro y Performance, en donde investiga para su tesis a través de su pieza PORNOVIVIO. También tiene estudios en la Universidad de Chile en Teoría e Historia del Arte. Chilena migrante desde los 20 años, se encuentra actualmente haciendo base en Barcelona, España. Es pornógrafa y codirectoa del proyecto LA ONCE, Merienda y Porno, colectivo que entrecruza el videoclub, la performance y el trabajo audiovisual dentro del campo de la pornografía crítica. Cuenta con una primera muestra individual en la Galería de arte erótico Condesa, llamada ErótixXx: Carpeta Restringida en Buenos Aires en Abril del 2025. Fue coreógrafa e intérprete de la cooperativa chilena-argentina de artes escénicas La Fuga durante 10 años. Directora de Acuario de Sirenxs y Archivos Eróticos, performances eróticas colectivas devenidas de talleres y laboratorios de investigación de arte erótico y performance posporno. Sus cortometrajes experimentales Baño de mar a medianoche, Confesión Anónima y VILLANAS se encuentra girando por circuito de festivales internacionales y expos (Berlín, Atenas, Viena, Ámsterdam, Marsella, entre otros). Es miembro de la comunidad Ballroom Buenos Aires, explorando la categoría Sex Siren a través de talleres, laboratorios y un documental en proceso de creación. Creadora del taller/Lab. Sexy Popurrí, donde indaga en performance art, prácticas escénicas y audiovisuales desde el año 2023 hasta hoy.