En cualquier ámbito laboral, la pandemia marcó un antes y un después en la forma de trabajar. Y el mercado sexual no fue menos, pues muchas personas que ejercían en ese momento vieron cómo tenían que desplazarse de espacios públicos a otros más privados para obtener ingresos. Así, más allá de los hoteles, donde también había restricciones, los servicios sexuales pasaron a ejercerse en domicilios.
Este traslado obligado transformó la forma de consumir intimidad, gestionar la privacidad y reducir la exposición pública donde el trabajo sexual sigue rodeado de estigma, discriminación y ambigüedad legal.
Así, el desplazamiento de los encuentros casuales con escorts a domicilio, ya sea de la profesional o del cliente, no es solo un cambio de escenario. Implica una reorganización del mercado: modifica la logística, redefine las relaciones de poder, reconfigura la experiencia del servicio y, sobre todo, cambia la oferta y la demanda.
Del hotel al domicilio: una transición progresiva
Durante décadas, la prostitución en Chile se ha desarrollado en espacios relativamente delimitados: hoteles, departamentos privados, casas de cita o incluso en la vía pública. Estos entornos funcionaban como escenarios reconocibles, conocidos por el boca a boca y un cierto grado de separación entre la vida cotidiana del cliente y el consumo del servicio.
Sin embargo, el servicio a domicilio rompe con esa lógica. En lugar de desplazarse hacia un espacio neutral, el encuentro se integra en el entorno personal del cliente o de la profesional. Esta transición vivió su auge en la pandemia y sigue presente hoy en día, pues muchas personas del colectivo prefieren trabajar en esta modalidad para evitar exposiciones innecesarias, reducir intermediarios y adaptar el consumo a rutinas cada vez más marcadas por el tiempo y la rapidez.
La digitalización, clave en esta nueva forma de consumo
El auge del servicio a domicilio no puede entenderse sin la digitalización del mercado sexual. Las plataformas online como SimpleEscort han transformado profundamente la forma en que se establece el contacto, se negocian las condiciones y se reserva el encuentro. La inmediatez del intercambio vía digital facilita que el servicio se adapte a horarios flexibles y a demandas cada vez más personalizadas.
En los últimos tres meses, el 12 % de los usuarios ha realizado la búsqueda de escorts "a domicilio" en el directorio SE.
En este contexto, los servicios de escorts a domicilio aparecen como una modalidad más del consumo digital. Para muchos clientes, recibir el servicio en casa supone la comodidad de tener sexo en un espacio privado y controlado. Así, el mercado responde así a un estilo de vida urbano en el que la optimización del tiempo y la reducción de desplazamientos se vuelven prioritarias.
El domicilio como espacio de intimidad y control
Este cambio de lugar también modifica la experiencia propia del servicio. El domicilio introduce una intimidad distinta, ganando fuerza servicios como los masajes eróticos, pues está más integrado en la vida cotidiana del cliente. Al mismo tiempo, refuerza su posición como anfitrión del encuentro.
Esta centralidad del espacio doméstico responde a una demanda que valora la comodidad, la previsión y la sensación de normalidad. Es por ello que el mercado se adapta a estas expectativas, incorporando el domicilio como una modalidad de trabajo sexual que no sustituye a las anteriores, pero sí gana terreno como opción preferente para determinados perfiles de consumo.
De hecho, según datos facilitados por el directorio Simple Escort, el servicio "a domicilio" ocupa el cuarto lugar entre las palabras clave más buscadas, después de "madura", "masaje erótico" y "travestis". Además, en los últimos tres meses, el 7 % de los anuncios publicados por escorts ha promocionado este servicio.
Esta tendencia se une a otras que la pandemia potenció, ya que también se amplió el catálogo de servicios sexuales en Chile. Nos referimos a servicios como videollamadas eróticas o la contratación de packs de fotos y vídeos personalizados, dos modalidades poco habituales hace décadas.
Seguridad, negociación y organización del trabajo
La consolidación de esta modalidad de trabajo sexual también cambia las reglas en seguridad y negociación de los encuentros. Por ejemplo, hay riesgos diferentes a la modalidad callejera y obliga, sobre todo, a reforzar los procesos previos al encuentro, como la aplicación de filtros y la negociación de los límites con el cliente.
Asimismo, el servicio de escorts a domicilio transforma la forma en que se organiza el trabajo sexual, pues los desplazamientos condicionan la agenda diaria, el número de servicios posibles y la duración de cada encuentro. Esta modalidad tiende a favorecer una planificación más estricta y una estructura de precios que incorpore el tiempo y el coste del traslado.
Pero, ¿qué dice la ley sobre ejercer la prostitución a domicilio en Chile?
Como es sabido, el marco legal chileno no reconoce el trabajo sexual como una actividad laboral con derechos y obligaciones definidos. Por lo que, esta ausencia de reconocimiento lo sitúa en una zona de ambigüedad jurídica.
- El Código Penal no sanciona a quien ejerce el trabajo sexual de manera autónoma, pero sí penaliza conductas asociadas como la explotación sexual, el proxenetismo o la facilitación de la prostitución ajena con fines de lucro (artículos 367 y siguientes).
- A nivel sanitario, el Código Sanitario y las normativas del Ministerio de Salud han abordado históricamente el trabajo sexual desde una lógica de control y prevención de riesgos, más que desde un enfoque de derechos. Esto ha reforzado una mirada administrativa y sanitaria, sin traducirse en garantías jurídicas claras para quienes ejercen la actividad.
En este contexto, el servicio a domicilio adquiere un sentido específico. Al desarrollarse en espacios privados, queda fuera de regulaciones municipales aplicables a locales comerciales o establecimientos abiertos al público, lo que reduce la fiscalización directa. Al mismo tiempo, esta falta de regulación también implica ausencia de protección jurídica en caso de conflicto, abuso o vulneración de derechos.
Esta ambigüedad legal condiciona su forma. El mercado tiende a desplazarse hacia modalidades más discretas y menos visibles, como el servicio a domicilio, que se adaptan mejor a un sistema que “tolera” la práctica, pero evita reconocerla formalmente. Sin embargo, los riesgos de explotación por parte de terceros son mayores, por lo que también está rodeada de áreas grises para quienes realmente ejercen esta actividad de forma voluntaria, adulta y autónoma.
Una modalidad entre otras, no un reemplazo total
Una cosa está clara: la expansión del servicio de escorts a domicilio no implica la desaparición de otras modalidades, sino de la convivencia entre ellas. Los hoteles, los departamentos propios y otros formatos continúan coexistiendo, cada uno asociado a distintos perfiles de clientes y contextos de consumo.
Sin embargo, su expansión señala una tendencia clara: el mercado se orienta hacia formatos que se integran de manera más fluida en la vida cotidiana del cliente, aun cuando ello suponga nuevas exigencias organizativas y riesgos.