No somos angelitos ni seres de luz: las contradicciones de construir autonomía en una sociedad capacitista.

Sep 16, 2026
No somos angelitos ni seres de luz: las contradicciones de construir autonomía en una sociedad capacitista.

Existe un prejuicio bastante instalado cuando se piensa en discapacidad y sexualidad. Suele asumirse que una persona disca sólo puede acceder a una vida sexual a través de los servicios de otra persona.

Se las imagina como consumidoras del trabajo sexual, pero casi nunca como trabajadoras sexuales. En esta entrevista, Persephone reflexiona sobre ese prejuicio, las contradicciones, los deseos, las dificultades que atraviesan y la construcción de autonomía en una sociedad capacitista.

¿Cómo te gustaría ser presentada y qué cosas sentís que hoy forman parte de tu identidad?

P: Hoy en día siento que estoy un poco perdida y muy condicionada por diferentes circunstancias. Pero podría decir que soy una mujer cis, disca, bisexual y dark.

Si tuvieras que presentarte más allá de las etiquetas, ¿cómo te describirías?

P: Hace mucho que no pienso en eso, la verdad, no tengo idea. Estoy en un momento en donde estoy muy consumida por los problemas y las cosas que tengo que resolver y no sé muy bien cómo responder “quién soy”.

Creo que puedo decir que en algún momento me gustaría poder vivir sola o con mi pareja y poder adoptar un gatito o un perrito. Poder volver a hacer fotos e ir a los recitales de las bandas que amo.

¿Cómo encontraste la conexión con tu cuerpo a través del pole dance, el floorwork y el strip tease?

P: Surgió como una forma de retomar alguna actividad física que no me aburriera y de probar cuáles podían ser los límites de mi cuerpo con ciertos movimientos y la fuerza. También apareció como una forma de desafiar esa idea de que todo lo que hacemos con el cuerpo las personas con discapacidad tiene que estar pensado para rehabilitarnos o "curarnos", y nunca para el placer, el goce, la sensualidad o la conexión con nuestra propia sexualidad y deseo. En ese proceso, junto con mis profesoras, fui encontrando maneras de adaptar los movimientos a lo que yo podía y quería hacer.

¿Qué significan para vos estas formas de baile en relación con tu identidad y tu discapacidad?

P: Ligado a la respuesta anterior, para mí al menos tiene que ver con romper un poco con ese imaginario, ese tabú de que las personas con discapacidad no tenemos deseo, somos asexuadas o no podemos ser/mostrarnos sensuales.

También significa que puedo ser disca y sentirme sexy, deseada, y que no todo lo que performee tiene que ser necesariamente para el male gaze. Pues bisexual, entonces mucho de lo que hago en esos momentos suele ser pensado en función de “¿Esto le gustará a las girls?”.

¿Sentís que estas prácticas te ayudaron a transformar o fortalecer tu concepto de cuerpo y de autovaloración?

P: Sí, en muchos aspectos. Me ha ayudado mucho con mi autoestima. Obviamente tengo un montón de temas e inseguridades con mi cuerpo y probablemente las siga teniendo. Pero tanto cuando tomé clases de pole dance como cuando hice talleres de burlesque, strip tease, floorwork y más, conecto con algo mío que va más allá de lo que consciente o inconscientemente la sociedad siempre me obligó, de una u otra forma, a reprimir u ocultar.

¿Cómo fue empezar a trabajar desde una propuesta ligada a la expresión corporal, la sensualidad y el contenido para adultos?

P: Tengo una contradicción enorme con esto, que es que por un lado me encanta. Me encanta el modelaje alternativo, me encanta la perfo erótica y me siento cómoda con la exposición, pero en lugares y contextos muy específicos. Pero a la vez me da pánico que se filtre algo, que mi familia se entere y tener problemas por eso. También el acoso en redes sociales o en la vida real por parte de hombres.

¿Cuál es tu experiencia personal en la relación entre la discapacidad y el trabajo sexual?

P: Empecé a hacer TS virtual para poder pagarme la prepaga de salud. Algunos meses pude hacerlo, otros no. Es una entrada de plata muy fluctuante e inestable, al menos para mí, que no invertir demasiado tiempo para poder vivir de eso o al menos poder sustentar algunas cosas básicas.

Conozco otras personas con discapacidad que viven de hacer contenido, pero viven solas, con pareja o amigues. Yo vivo con mi familia y no tengo la privacidad que amerita este tipo de laburo. De hecho, la única persona que sabe que yo hago esto es mi mamá y me banca. Es decir, no le encanta que lo haga, pero eventualmente lo entendió. Yo no vivo con ella, vivo con otros familiares, y si se llegaran a enterar de que hago contenido para adultos probablemente me echarían de casa, me desheredarían y dejarían de dirigirme la palabra.

Quizás me equivoque, pero no puedo correr ese riesgo en este momento de mi vida con todo lo que eso podría llegar a implicar. La privacidad es uno de los derechos que más se nos vulnera a las personas con discapacidad. Yo, con 35 años, tuve que pelearme con familiares para poder poner una llave en la puerta de mi cuarto.

También siento que hay un nicho enorme en relación con el trabajo sexual y la discapacidad. Me encontré con gente súper respetuosa, que entendía perfectamente que los videos o fotos que hacía eran una performance y un trabajo. Me explicaban lo que estaban buscando, qué querían ver, y si yo no quería hacer algo no tenían ningún problema, respetaban mis tiempos y pagaban bien.

Pero también me crucé con hombres súper irrespetuosos, que piensan que te pueden boludear o regatearte el precio de un video o unas fotos, como si no entendieran que esto también es un trabajo y que una necesita la plata. Y después están los que directamente te mandan dick pics sin consentimiento, entre otras cosas.

¿Pensás que la industria del contenido adulto y el trabajo sexual son espacios inclusivos para personas con discapacidad?

P: Depende. Gracias al TS muchas personas con discapacidad pueden ganarse la vida o tener alguna entrada económica. El tema es cuando es la única opción disponible porque el mercado laboral “formal” sigue siendo completamente capacitista, inaccesible y discriminador y no contempla ni está dispuesto a hacer las adaptaciones necesarias para que las personas discas podamos realmente insertarnos y permanecer en puestos de trabajo.

Otra cosa que pasa mucho es que hay una fetichización de los cuerpos discas. Para mí el problema está en que muchas veces sólo se nos vea como eso y no se entienda que somos personas que estamos tratando de sobrevivir.

Después hay todo un nicho en donde, si una logra hacer un tipo de contenido que le guste, es también una forma de poder explorar y expresar la propia sexualidad y deseo que la misma sociedad nos reprime y obliga a esconder o hacer de cuenta que no existe.

En ese sentido, cuando se logra combinar eso con una independencia económica y de vivienda real, es algo que puede funcionar. Pero son la minoría de los casos. Y no funciona de la misma manera para todas las personas que lo hacemos. Hay muchas contradicciones dentro del tipo de trabajo en sí y depende mucho de la situación particular de cada persona.

¿Qué le dirías a otras personas con discapacidad que tengan interés en crear contenido para adultos pero sientan miedo al estigma o a la falta de oportunidades?

P: Con respecto al miedo al estigma, no puedo aconsejar demasiado porque yo misma sigo lidiando con eso. Y de nuevo siento que depende mucho de la situación personal, económica, familiar, de vivienda y acceso a la salud de cada persona.

Creo que se puede comparar en cierto modo con poder elegir salir o no del closet. Depende mucho del contexto de la persona. No todo el mundo puede salir del closet como si nada, a veces tu acceso a un techo, trabajo o incluso tu vida pueden llegar a estar en riesgo.

Ahora, si no dependen económicamente de su familia y están en un ambiente seguro con gente que no les va a juzgar por hacer contenido para adultos o algo que se relacione con explorar su erotismo, deseo y sexualidad y de paso lo pueden monetizar, que se manden, porque hay público y nicho para todo y si lo logran hacer como a elles les gusta pueden salir cosas geniales de eso.

Eso sí: no estoy de acuerdo con romantizar la exposición. Hay que pensarlo muy bien porque no hay vuelta atrás de eso.

¿Cómo manejás el estigma que con tu familia respecto a tu trabajo y tu visibilidad pública?

P: Con respecto a la exposición pública, me da muchísimo miedo el nivel de violencia que hay de parte de millones de hombres hacia las trabajadoras sexuales. Me da pánico las cosas que están haciendo con la IA. También es muy molesto la cantidad de abolicionistas que generalmente no entienden del tema y meten todo en la misma bolsa. Eso no me da tanto miedo, sólo me molesta. Lo que me da miedo son muchos tipos.

También me preocupa que si en algún momento se filtra mi contenido me pueda complicar o directamente inhabilitar para conseguir algún otro tipo de laburo que pueda necesitar para sustentarme el día que ya no tenga a mi mamá o no pueda vivir más donde vivo actualmente.

¿De qué manera creés que el miedo al juicio familiar influye en la forma en que llevás tu vida personal y profesional?

P: Creo que esa respuesta está muy ligada a lo anterior. Lo más difícil es vivir una doble vida. Tener que esconder una parte enorme de lo que hago genera mucha angustia y mucho miedo.

¿Qué dificultades encontraste en cuanto a la accesibilidad en los lugares donde hacés tus presentaciones de pole dance y strip tease?

P: Tuve suerte de que cuando arranqué con pole dance fue con una profesora que es una de mis mejores amigas del secundario y vivía cerca de mi casa. Después se mudó bastante lejos y ya no pude seguir. Seguí tomando clases online, pero no de pole. Más adelante descubrí a otra de mis profes a través del Lesbiclub. Es una docente increíble también.

Es muy difícil encontrar tanto profes de estas disciplinas que no sean capacitistas como espacios que sean accesibles. La mayoría tienen escaleras y/o no tienen baños adaptados. Lo mismo pasa con los espacios donde se hacen las presentaciones. La mayoría son inaccesibles. Y tiene que ver justamente con este mito de que no se nos considera a las personas con discapacidad como gente que puede ser deseada o deseante.

Entonces hay un triple tabú. Ya de por sí es complicado encontrar lugares que no tengan problemas con shows donde participen trabajadoras sexuales o performers que se dediquen al erotismo del colectivo LGBTQ+, y si además sos una persona con discapacidad parece algo inconcebible.

¿Creés que los espacios nocturnos y de entretenimiento están preparados para recibir personas con discapacidad? ¿Qué cambios considerás urgentes?

P: No. Como usuaria ambulatoria de silla de ruedas, lo primero que necesito son cuestiones muy básicas: que no haya escaleras, que haya baños adaptados y que los eventos empiecen a organizarse en lugares realmente accesibles.

Pero la accesibilidad no termina ahí, no tiene que ver solamente con que haya una rampa. También implica un cambio de mirada y de actitud. Muchas veces pareciera que ni siquiera se imagina que una persona con discapacidad pueda estar ahí como performer o como alguien que desea y también puede ser deseada.

Ahí aparece un triple tabú: el trabajo sexual, las identidades LGBTQ+ y la discapacidad. Incluso dentro de espacios que se piensan como diversos sigue habiendo mucho capacitismo.

¿Tuviste que adaptar tu manera de trabajar o presentarte debido a estas barreras físicas?

P: Sí. Mi primera presentación de strip tease fue en un centro cultural LGBTQ+ que amo y admiro muchísimo, pero que era totalmente inaccesible. La gente fue lo más e hizo todo lo posible para que estuviera cómoda, pero la buena voluntad nunca reemplaza la accesibilidad.

Ahí aparece una contradicción que siento todo el tiempo. Muchas veces elijo ocupar esos espacios y mostrarme igual, aunque haya mil escaleras y el baño sea lo menos adaptado del mundo, porque también creo que es importante que haya personas discas ocupando esos lugares.

Hay personas con discapacidad que directamente no van a poder entrar al lugar, ni como performers ni como espectadores. Entonces termino preguntándome cuánto de esa inclusión es realmente inclusión y cuánto depende de que cada une haga un esfuerzo enorme para poder estar ahí.

Activismo, bisexualidad y discapacidad

¿De qué manera tu identidad bisexual y tu discapacidad influyen juntas en tu activismo? ¿Qué desafíos y oportunidades encontrás en esa intersección?

Creo que, si hubo un eje en mi activismo, fue visibilizar los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad y la interseccionalidad entre el colectivo LGBTQ+, donde sigue habiendo muchísimo capacitismo, y el colectivo disca. Siempre me interesó insistir en que las personas queer discas existimos y merecemos ocupar los mismos espacios que el resto.

Dicho eso, hace rato que estoy bastante en crisis con mi activismo, tanto en lo que respecta al colectivo LGBTQ+ como a los feminismos y la discapacidad. Tengo mucho síndrome del impostor y muchas veces me pregunto si lo que hice realmente sirvió para algo o ayudó a alguien.

También estoy atravesando un momento muy difícil a nivel económico y laboral, y desde 2019 vengo lidiando con una depresión. Todo eso hace que hoy sienta mi activismo bastante más frenado de lo que me gustaría.

Me costó mucho asumirme bisexual. Primero salí del clóset como lesbiana (y no me arrepiento, aguanten las lesbianas), pero después tuve que enfrentar mucha bifobia, tanto internalizada como de parte de mi familia y de algunas personas del propio colectivo LGBTQ+. Hoy estoy en una relación monógama con un hombre cis heterosexual desde hace diez años, y eso muchas veces me hizo sentir bastante sola con respecto a mi bisexualidad. Por suerte encontré espacios donde pude conocer a otras personas bisexuales y sentirme un poco menos sola.

¿Sentís que la comunidad LGBT+ y la comunidad de personas con discapacidad se apoyan entre sí? ¿Hay espacios que combinen ambas luchas?

P: Creo que todavía cuesta mucho que ambos colectivos dialoguen entre sí. Hay bastante moralismo y rechazo hacia las personas LGBTQ+ en muchos espacios discas, y muchísimo capacitismo dentro de muchos espacios LGBTQ+.

Por suerte también hay organizaciones y espacios que de a poco están logrando generar una verdadera intersección entre ambas luchas. Falta muchísimo, pero siento que se viene haciendo un trabajo enorme y que, lentamente, esos mundos empiezan a encontrarse.

¿De qué manera el activismo bisexual influyó en tus presentaciones artísticas?

P: Lo que más me ayudó fue haber encontrado el Lesbiclub y Encuentro Bi. Ambos espacios influyeron muchísimo en que pudiera conectar y explorar mi bisexualidad como identidad más allá de mi relación de pareja. Me permitieron conectar conmigo misma desde la exploración del deseo y la fantasía.

¿Creés que existen prejuicios específicos hacia personas bisexuales con discapacidad en los espacios donde trabajás o en tu entorno familiar?

P: En los pocos espacios de trabajo formal en los que estuve nunca salí del clóset específicamente como bisexual. Pero sí aparece el prejuicio de siempre: que si sos una persona con discapacidad automáticamente sos heterosexual.

Me pasó que cuando tuve mi primera novia, una mujer cis lesbiana, dijeran: "Ah sí, fulana viene con su amiga". Y cuando empecé a salir con mi pareja actual, un hombre cis heterosexual, antes incluso de haber oficializado la relación, automáticamente era: "¿Cómo se llama tu novio?".

¿Qué pasos creés que se deberían tomar para que haya mayor inclusión y reconocimiento de la diversidad sexual dentro del activismo por los derechos de las personas con discapacidad?

P: Creo que muchas veces buscamos respuestas muy complejas cuando el primer paso sería dejar de asumir cosas sobre nuestras vidas. Ser una persona con discapacidad no dice nada sobre tu orientación sexual ni sobre tu identidad de género.

Somos personas completas. Tenemos proyectos, deseos, vínculos, identidades y formas distintas de vivir nuestra sexualidad. Las personas discas bisexuales existimos, no somos un mito urbano.

Sociedad, familias y cambios culturales

¿Qué te gustaría que la sociedad, y también las familias, entendieran sobre las personas con discapacidad que eligen trabajar con su capital erótico?

P: Que tenemos derecho a vivir y expresar nuestro deseo, nuestra sensualidad y sexualidad, nuestra orientación sexual e identidad de género como cualquier otra persona.

Que dejen de asumir que, por ser personas con discapacidad, somos todes heterosexuales, cisgénero o "vainilla". También podemos disfrutar de determinadas prácticas BDSM. Nuestra sexualidad no necesariamente se ajusta a la heteronorma ni a los mandatos reproductivos y de "normalidad".

Además, para mucha gente las personas con discapacidad ya no somos consideradas "normales". Entonces resulta bastante hipócrita que al mismo tiempo nos exijan encajar en ese ideal de normalidad.

No somos angelitos, seres de luz, ni personas "especiales”.

También me gustaría que dejaran de creer en la meritocracia como explicación de todo y entendieran que la mayoría de las personas con discapacidad no podemos acceder al mercado laboral formal. Y cuando sí logramos hacerlo, muchas veces terminamos en trabajos donde no se respetan ni se realizan las adaptaciones necesarias para que podamos trabajar con dignidad.

¿Qué cambios sociales y culturales pensás que se necesitan para que tu trabajo y tu forma de vida sean más aceptados y comprendidos?

P: El Estado debería garantizar las necesidades básicas de salud, vivienda, educación, alimentación, trabajo y accesibilidad. La accesibilidad es un derecho. No es un favor ni un capricho. La gente sin discapacidad sigue sin entender eso.

La accesibilidad es lo que permite que podamos acceder a las mismas oportunidades que el resto, desarrollar nuestro potencial y elegir cómo queremos vivir nuestra vida, en lugar de estar luchando permanentemente para no morirnos o para sobrevivir en un entorno lleno de barreras.

¿Cómo te gustaría que cambien las percepciones sociales sobre la bisexualidad, la discapacidad y el trabajo sexual? ¿Qué lugar pensás que ocupa el activismo en ese cambio?

P: Me gustaría que dejáramos de asumir la heterosexualidad o el lesbianismo como las únicas formas posibles de relacionarse. También que se deje de asumir que una persona con discapacidad es automáticamente heterosexual y/o cisgénero.

No creo tener una respuesta específica sobre cómo el activismo puede lograr esos cambios. Tampoco creo que exista una única forma correcta de hacer activismo.

El cambio probablemente sea progresivo, porque todavía hay muchísimos prejuicios, tabúes y estigmas para desarmar. Me incluyo también en eso.

Creo que cada persona puede aportar desde donde pueda y quiera, pero para que el cambio sea real tiene que construirse de forma colectiva e interseccional.

Nadia Karenina Rossetti es trabajadora sexual, actriz, performer y Diseñadora de Imagen y Sonido, recibida en la Universidad de Buenos Aires. Desde hace más de una década sostiene un activismo constante por los derechos de lxs trabajadorxs sexuales y por los derechos de los animales, promoviendo el veganismo como posicionamiento ético y político.