Escorts curvy y bodypositive: del arma emocional a la validación del cliente

Feb 5, 2026
Escorts curvy y bodypositive: del arma emocional a la validación del cliente
Photo by Monika Kozub / Unsplash

Los patrones culturales de hegemonía se han incrementado en numerosos países a lo largo y ancho del mundo. Cada zona cuenta con un “ideal” de lo que se considera atractivo, bueno, correcto, y de aquello que representa todo lo contrario. En este sentido, no solo las maneras de comportarse o las elecciones de vida han sido juzgadas y duramente atacadas.

Existen características que, por ser físicas, son fácilmente observables y que, salvo en pocas culturas, son determinadas como erróneas a simple vista, inmediatamente y, varias veces, de manera agresiva. El ejemplo más claro, y que da lugar al presente artículo, es la forma y el peso de los cuerpos; en otras palabras, la delgadez y la gordura

Si pidiera al lector que pusiera la mente en blanco e imaginara a periodistas de la televisión, influencers, actrices y actores, músicos y cantantes, e incluso símbolos sexuales de épocas pasadas y presentes, seguro la imagen más frecuentemente evocada será de una persona delgada. 

Esto sucede porque los medios de comunicación y las tecnologías, cada vez más expandidas, se han ocupado de establecer una sola idea del cuerpo correcto: con abdomen plano, piernas y brazos tonificados o musculosos (dependiendo del género) y sin bello, cuello estilizado y sin papada, cabello brillante y sedoso, pómulos sobresalientes y narices pequeñas, entre muchas otras características. Personas con estos atributos son considerados como voluntariosos, con sentido de autocontrol y privilegiados. Incluso, suelen escucharse frases que aluden a la delgadez como algo positivo a través de aparentes elogios como “que flaca estas” o “adelgazaste, te ves mejor”, sin llegar a considerar que la persona pueda no desear ese cuerpo con el que cuenta, o que el motivo de la delgadez sea uno que escapa del control de la persona, como enfermedades, afectaciones psíquicas por momentos estresantes, o desordenes hormonales, por mencionar algunos.

Lo notable de este estereotipo, además de ser injusto y prejuicioso con la diversidad corporal existente en casi todas las culturas, es que no encuentra otro sustento que el de una moda, puesto que la historia nos dice que previamente el ideal de belleza era otro.  Sin embargo, como veremos más adelante, en trabajo sexual estas percepciones cambian por completo, desafiándolas.

La delgadez como regla social

Hace ya unos cuantos años, en el siglo XIX, los cuerpos considerados dentro de los estándares de belleza eran aquellos redondeados, curvilíneos y robustos. Esto se debe a varios factores, por ejemplo, al hecho de que se consideraba que aquellas personas con estos atributos pertenecían a clases sociales altas, siendo personas educadas y con buen estatus económico, ya que ante la no necesidad de trabajar sus cuerpos mantenían determinada forma.

Sumado a ello, este tipo de cuerpo se consideraba “sano” por estar “lleno”. Y por último, pero definitivamente no menos importante, se creía que las mujeres con caderas anchas, busto grande y que contaran con grasa corporal tendrían mejor capacidad de engendrar hijos (en una época en la que el destino de la mujer, en el mejor de los casos, seria positivo si fuera capaz de "darle" herederos a un esposo con buen estatus). Ejemplo de esto son los cuadros y frescos antiguos donde pueden observarse a reyes, reinas y nobles de las épocas pasadas. 

Décadas luego, con la entrada en la época de la industrialización y el capitalismo moderno, la productividad comenzó a tomar predominancia social, y el cuerpo fue entonces visto como una máquina. Este debía ser capaz de tolerar largas horas de extenuante trabajo, con muy breves descansos y momentos para comer, donde destacaba el cansancio y el gasto calórico debido al movimiento constante. La delgadez comenzó a percibirse como símbolo de la eficiencia, autocontrol y disciplina de una persona. 

En contraposición, las personas con cuerpos más robustos empezaron a ser tildadas como “faltas de voluntad”, y surgió un movimiento que hasta el día de hoy tiene cierto peso: la patologización de la gordura. Como consecuencia, la delgadez fue ligada a la belleza y a la salud, sin evidencia determinante, pero al servicio de la producción. 

El ideal de belleza del siglo XIX terminó de revertirse a mediados del siglo XX, momento en el cual el arquetipo -fundamentalmente femenino- paso a ser el cuerpo sin curva alguna, con mínima grasa corporal. Esto sucedió con la influencia de diferentes ámbitos, desde la moda hasta la publicidad y el surgimiento de Hollywood. A través de las películas se mostraban generalmente historias ideales, y las actrices protagonistas contaban con cuerpos en extremo delgados. El resto de la población aspiraba a tener esas vidas representadas en las películas: la gran historia de amor con un galán, el trabajo perfecto en una buena posición social, una vida divertida y con experiencias alocadas, eran algunas de las historias que contaban las películas. Lo que tenían en común, es que la belleza y delgadez de las protagonistas de las historias siempre tenían que ver en la razón del éxito. 

Seguidamente, entre 1980 y los 2000 se estigmatiza la gordura cada vez más, ubicando a los cuerpos delgados en un lugar de mérito y orgullo, ya que se los asociaba con el cuidado. A la vez, esta idea sostuvo e hizo crecer a enormes industrias, desde la ropa y el maquillaje hasta las dietas y el fitness, arrasando con el deseo imponiendo como norma a la “regulación de la conducta” y los impulsos para llegar a ese ideal.

El ideal de delgadez en la actualidad

De esta manera, hoy en día la delgadez se vuelve la aspiración de una gran porción de la población, no solo en personas adultas, sino también en las infancias y adolescencias, lo que ha derivado, como consecuencia, en que muchas personas adquieran este prejuicio desde pequeñas, siendo así más difícil de contrarrestar.      

Si bien este ha pretendido ser el estándar durante mucho tiempo, hoy en día la ciencia nos demuestra que las características físicas como el peso o la figura no dependen exclusivamente del ejercicio que uno realice ni de lo que se ingiera con la alimentación. En contraposición, ello puede depender de las condiciones de vida, del género, de la edad, de las condiciones afectivas y emocionales del momento, por mencionar algunas. 

Afortunadamente, en la actualidad existe un movimiento que pretende deconstruir tal exigencia: el bodypositive

El bodypositive y la ruptura de los estereotipos

Surgido en los 60s pero recientemente tomando fuerza, este concepto viene a eliminar -o por lo menos lo intenta- los estándares irreales que se han establecido en función del consumo. Representa la idea de que todos los cuerpos son bellos, independientemente de las diferencias entre unos y otros, y por ende aboga por que cada persona logre tener una imagen positiva de sí misma y aceptarse tal cual sea. Esto busca fortalecer la autoestima para cuestionar y derribar exigencias peligrosas y estándares inalcanzables. 

Ante la discriminación vivenciada por la mayoría de las personas que se salieran de la norma de la delgadez extrema, lo que el movimiento busca es fortalecer la idea de que todos los cuerpos son hermosos, tanto aquellos que son delgados como los que no lo son. Mientras que promueve la aceptación y el amor por los cuerpos gordos, robustos, con más curvas, también refiere a la posibilidad de no vivir con vergüenza, ni de sentir que uno deba dar explicaciones, ni de experimentar discriminación, sea cual sea la apariencia física.  

En resumen, en su critica a la cultura del “body shaming (que alude a juzgar y avergonzar a las personas que no son delgadas o que se salen -incluso poco- de esta norma impuesta) el bodypositive sostiene que todos los cuerpos, con cada una de sus características, son atractivos, y nadie debería sufrir de ningún modo por no cumplir con el ideal.

Bodypositive y trabajo sexual: cuando los estándares se desafían

Siendo que el bodypositive busca que cada persona se sienta bien con su cuerpo, que cuente con buena autoestima y que se ame y disfrute sin importar sus características físicas, cabe entonces indagar acerca de su relación con el trabajo sexual. 

Ya que el deseo sexual es tan diverso como personas hay en el mundo, el ámbito del trabajo sexual se vuelve muy interesante en tanto muchos clientes buscan exclusivamente trabajadoras curvy (hace referencia a la palabra “curvilínea”, es decir con formas pronunciadas, caracterizadas por caderas y bustos amplios), mientras que en el resto de los ámbitos son muchos los que discriminan a estas personas que no cumplen con el ideal hegemónico de la delgadez.

Vale entonces preguntarse: en contraposición al maltrato social, ¿hay validación externa a los cuerpos curvy en el trabajo sexual? 

Y, según los estudios de investigación mencionados al final de este artículo, la respuesta es “claro que sí”. El feedback que demuestran los clientes hacia las trabajadoras sexuales curvy va desde lo verbal y lo conductual hasta lo económico. Con ello, estos cuerpos desvalorizados socialmente son legitimados, en tanto las trabajadoras emplean esos cuerpos y es muchas veces lo que las vuelve más atractivas o las hace ser elegidas por los diversos clientes. Además, se evidencia que el deseo hacia estos cuerpos es real, y se afirma que otorgan mucha satisfacción al consumidor, lo que conlleva un impacto emocional importante para desafiar creencias internalizadas.

En el espacio del trabajo sexual, la diversidad corporal es sumamente valorada, y se reconoce la multiplicidad de los cuerpos, ya que en ocasiones se pide específicamente por cuerpos más gordos, grandes o musculosos. 

En SimpleEscort Argentina, casi el 60% de las anunciantes son curvy, destacando este tipo de físico en sus avisos a modo de reclamo.

Con todo lo anterior, puede decirse que el trabajo sexual representa una posibilidad de mejora de la imagen corporal, ya que en su colectivo incrementa la autoaceptación, fortalece la autoestima, proporciona seguridad y amor por el cuerpo habitado, y reduce no solo la vergüenza o los prejuicios sobre el propio cuerpo, sino también la carga emocional negativa por maltratos anteriores.

El trabajo sexual celebra la diversidad, de pensamiento, de cuerpo, de elección, y desafía directamente a las reglas estéticas hegemónicas, en tanto es en sí una puesta en práctica del bodypositive. 

En conclusión, esta resignificación de los cuerpos que previamente han sido marginados por su forma o tamaño, a través de la demanda real por parte de consumidores que buscan trabajadoras sexuales curvy, posiciona a estos cuerpos en un lugar nuevo, donde son interpretados símbolo de empoderamiento en el sexo de pago. En consecuencia, en general, la imagen propia es mas positiva y representa una mejoría del estado social actual. 

Referencias bibliográficas

Valentina Stagno es Licenciada en Psicología de la Universidad de Buenos Aires y ha finalizado su posgrado en Sexología Clínica. Trabaja/se ha formado en Psicoanálisis y en Terapia Sistémica. Ha realizado 2 diplomaturas en Educación Sexual, una con eje en géneros, diversidades y derechos, y otra específicamente para personas con discapacidad/neurodiversas. Se ha desempeñado como docente en cursos y materias universitarias vinculadas a la Educación Sexual Integral, a la Ética y Derechos Humanos, al Abuso Sexual, entre otras, en la UBA y en otras instituciones. Ha participado como autora en múltiples congresos internacionales y nacionales, abordando temáticas como Vínculos virtuales, pornografía y Tecnologías en la adolescencia, abuso sexual infantil, grooming, sexting, diversidad familiar, bioética y cine, entre otros. Su experiencia clínica incluye atención a niños, adolescentes, adultos, parejas y familias. Además, ha dictado talleres de ESI en contextos educativos y colaborado en traducciones del español al inglés y viceversa. Ha estudiado Italiano y Francés. Cuenta con experiencia en la docencia y en la investigación académica y científica.