Entre la ilusión del éxito y la desprotección: la realidad del trabajo sexual digital en la Argentina

Oct 15, 2026
Entre la ilusión del éxito y la desprotección: la realidad del trabajo sexual digital en la Argentina
Photo by Brian Lawson / Unsplash

Un estudio participativo entre investigadoras del CONICET y el Sindicato de Trabajadoras Sexuales expone la trastienda de la venta de contenido erótico en Argentina: sobrecarga de tareas, estigmatización y la urgencia de derechos en la era digital.

En la Argentina contemporánea, atravesada por una profunda crisis socioeconómica, desempleo juvenil y deterioro del poder adquisitivo, miles de trabajadoras y trabajadores sexuales enfrentan una encrucijada marcada por la informalidad laboral, la discriminación y el vacío de regulación.

La plataformización del comercio sexual se aceleró de forma drástica a partir de la pandemia de COVID-19 y las medidas de aislamiento de 2020, cuando el cierre de espacios presenciales viró casi masivamente la oferta hacia los entornos virtuales. Hoy el comercio sexual y la venta de contenidos eróticos en plataformas digitales se ejerce bajo un absoluto desamparo de derechos laborales formales, expuesto a la violencia digital y a los riesgos de digitalizar toda transacción económica. 

Frente a la constante proliferación de notas periodísticas sensacionalistas que retratan el trabajo erótico y sexual en plataformas bajo narrativas de 'emprendedorismo exitoso' y 'dinero fácil', fueron las propias trabajadoras organizadas en el Sindicato de Trabajadoras Sexuales de Argentina (AMMAR), especialmente a través del área AMMAR Internet, impulsada por referentes como Rebeca López y María Riot, quienes acudieron a la investigación académica preocupadas e interesadas por saber qué herramientas concretas podía aportar la organización gremial frente a esta nueva realidad.

La investigación resultante, titulada Informe Exploratorio: Trabajo Sexual y Plataformas Digitales, fue desarrollada por las investigadoras Deborah Daich (UBA, IIEGE/CONICET) y Estefanía Martynowskyj (UBA, ICA/CONICET) a través de un Servicio Técnico de Alto Nivel (STAN) de CONICET. 

Lejos de la investigación académica tradicional, el proyecto se estructuró como una coinvestigación participativa desde la antropología y la epistemología feminista. A través de este diseño conjunto, se aplicó una encuesta nacional que recabó 252 respuestas de trabajadoras/es de todo el país, permitiendo desarmar los mitos mediáticos y evaluar las demandas sindicales en materia de ciberseguridad, organización y derechos.

De la fantasía del dinero fácil a la realidad 

Si bien la etiqueta de "emprendedora" o "ser tu propia jefa" es muy promovida por las plataformas y los medios masivos de comunicación, la investigación contrapone esta narrativa con la experiencia real: los sentidos asignados a la actividad comercial están en disputa, como se ve en el cuadro a continuación: la mayoría se define primero como trabajadora y, en segundo lugar, como creadora de contenido.

Además, la investigación revela que la actividad no es “un trabajo simple”. Como enfatiza la investigadora Deborah Daich, el relato del éxito individual fácil “es un mito... la cantidad de tiempo que hay que invertir y de habilidades que hay que tener no es para cualquiera; las compañeras están trabajando todo el día'.

De hecho, el informe señala que una trabajadora realiza la labor “de 6 personas ella sola”, abarcando producción fotográfica, edición audiovisual, marketing digital, atención al cliente las 24 horas, manejo de inglés erótico y gestión de billeteras virtuales y criptomonedas.

En relación a las ganancias, teniendo en cuenta que el 60,7% dedica hasta 4 horas diarias y solo un 16,3% supera las 8 horas (alcanzando jornadas de 10 a 12 horas), los ingresos reales están lejos de la opulencia: un 16,3% percibe apenas entre 0 y 100 dólares mensuales, y el 20,6% gana alrededor de 500 dólares. El 72, 7%  gana menos de 1000 dólares al mes.

Esta insuficiencia de ingresos para cubrir los gastos mensuales mínimos impulsa a que el 53,6% deba recurrir al pluriempleo para subsistir, combinando la creación de contenido o el trabajo sexual virtual con trabajos informales o formales golpeados por la caída salarial.

Dentro de este universo económico, el 27% de las personas encuestadas realiza actualmente trabajo sexual presencial en simultáneo con la venta de contenidos digitales. Mientras que un 50,8% descarta totalmente realizar encuentros presenciales, aduciendo razones de seguridad personal frente a la violencia machista, principalmente.

¿Internet hace el trabajo sexual más seguro? 

Si bien la digitalización permite seleccionar clientes y evitar la violencia física o policial directa de la calle, el entorno virtual despliega formas sumamente agresivas de violencia digital. El 65,5% de las encuestadas sufrió el envío no consentido de imágenes sexuales o violentas, el 43,7% insultos, el 36,1% filtración de contenidos mediante bots, y el 35,7% acoso o extorsión. Esta hostilidad genera severos impactos en la salud mental, alcanzando niveles alarmantes de burnout (61%) y ansiedad (56%).

El informe revela además cómo el estigma social opera como una barrera en el acceso a la justicia. Un caso testigo incluido en la investigación ilustra dramáticamente esta situación: una trabajadora le facilitó a un cliente su alias bancario para cobrar la seña de un encuentro; con ese único dato, el usuario la buscó en internet, obtuvo su dirección, su DNI y el nombre de su hijo, e inició una campaña de acoso y extorsión enviándole mensajes amenazantes.

Ante estas agresiones, el peso del prejuicio impide que las trabajadoras puedan acudir de forma individual a realizar una denuncia policial. Como sintetizó una de las encuestadas en el informe: “está tan estigmatizado que tuve un acosador virtual y no me dio para ir a la policía”.

La investigación demuestra que la contención y protección sindical resultan indispensables no solo para brindar asesoramiento legal, sino para articular redes de autocuidado y acompañamiento entre pares cuando este tipo de situaciones emerge.

El ecosistema es mucho más que OnlyFans

Otro mito mediático que el informe desarrollado por Ammar junto a Daich y Martynowskyj logra desarmar es la reducción de todo el comercio sexual a OnlyFans, utilizado en el lenguaje cotidiano como una marca genérica para denominar a cualquier actividad de venta de contenido erótico.

El estudio cartografía un ecosistema complejo e interconectado de más de 60 plataformas, sitios y aplicaciones. Las cifras del informe demuestran una elevada dispersión y uso simultáneo de herramientas:

  • Plataformas de contenido pay-to-view: OnlyFans es utilizada por el 64,3% de las encuestadas (162 casos), seguida por Fansly con el 31% (78 casos) y ManyVids con el 14,3% (36 casos).
  • Aplicaciones de mensajería y comunicación: Telegram es la segunda plataforma más usada en todo el ecosistema con el 56,7% (144 casos), mientras que WhatsApp alcanza el 31% (78 casos) y Snapchat el 24,2% (61 casos).
  • Redes sociales y foros de promoción: La red X (Twitter) concentra el 36,5% de los usos (92 casos) y el foro Reddit el 36,1% (91 casos), situándose como los principales nodos de promoción junto con Instagram (46,4%).
  • Sitios de webcam y crowdfunding: Sitios de transmisión en vivo como LuckyCrush (13,1%), Stripchat (10,7%) y Chaturbate (7,1%), conviven con plataformas de donaciones como Cafecito (6%) y portales como PornHub (9,9%).

Daich explica que esta diversificación es una estrategia de supervivencia: “Las trabajadoras operan en múltiples páginas para no quedar atrapadas cuando una cuenta es suspendida o cuando el algoritmo cambia”.

Entre la autonomía y la precariedad

El trabajo en plataformas encierra una tensión estructural entre la valoración de la autonomía (trabajar sin jefes y gestionar los propios horarios) y una severa precariedad laboral caracterizada por la falta de aportes, licencias, vacaciones e ingresos fijos.

A esta inestabilidad se suma la discriminación financiera, una problemática desarrollada en las investigaciones de SimpleMedia (bajo el título «Show me the money»), donde se visibiliza cómo las billeteras virtuales y plataformas de pago (Mercado Pago, PayPal, Wise) suspenden cuentas arbitrariamente, bloquean fondos y retienen ingresos de las trabajadoras bajo reglas opacas y prejuicios morales.

Esta marginación económica refleja una exclusión más profunda: quienes ejercen el trabajo sexual en  plataformas quedan sistemáticamente fuera de los convenios internacionales sobre 'trabajo decente' y de los debates sobre regulación laboral de las plataformas. Sobre este punto, Deborah Daich remarca con contundencia que

“La OIT sacó el último Convenio sobre el trabajo decente en la economía de plataformas pero claramente para ellos el trabajo sexual no es decente, está estigmatizado”

Ante este desamparo institucional el 88,1% de las personas encuestadas exigió contar con representación colectiva y sindical, identificando en AMMAR un espacio clave para disputar derechos laborales formales y frenar los abusos de las plataformas.

Riesgo de criminalización y persecución 

A diferencia de lo que ocurre con los choferes o repartidores de apps —reconocidos socialmente como trabajadores precarios—, las burocracias penales especializadas suelen codificar la venta de contenidos eróticos bajo la figura de "explotación sexual", catalogando a las plataformas como "proxenetas digitales" y despojando a las creadoras de su condición de trabajadoras.

Como advierte la investigadora Deborah Daich, la falta de una regulación con perspectiva de derechos no elimina los riesgos, sino que destruye las redes independientes de apoyo y autocuidado entre pares

“Muchas trabajadoras sexuales de plataformas están hoy preocupadas por la persecución a las terceras partes. O sea, ¿qué pasa si yo tengo un fotógrafo, una fotógrafa y trabaja para mí? [...] El peligro es que persigan este tipo de colabores bajo la figura de facilitación o promoción de la prostitución”.

Este marco punitivo no solo no protege a las trabajadoras, sino que amenaza con perseguir a sus colaboradoras: fotógrafas, maquilladoras, sexters o investigadoras que dictan talleres de ciberseguridad, quienes corren el riesgo de ser imputadas por "facilitación de la prostitución".

Así, la ausencia de legislación sobre trabajo digital que incluya este rubro, como la existencia leyes de persecución del delito de trata de personas que se aplican inadecuadamente a esta actividad, acaban criminalizando a las trabajadoras y sus apoyos técnicos, destruyendo sus alianzas independientes de autogestión y  empujandolas a una mayor clandestinidad.

La desprotección del sector es el resultado de un continuado desinterés político e institucional. La política nacional actual, enmarcada en una agenda de desregulación de mercados y ajuste estatal, se encuentra absolutamente lejos de garantizar derechos o resguardar la seguridad física y digital de las trabajadoras sexuales.

No obstante, los datos del informe, iniciado a comienzos de 2025 sobre la base de dinámicas consolidadas en años anteriores, demuestran que tampoco el gobierno anterior (Fernández, 2019-2023) realizó transformaciones de fondo para el sector.

En la economía de plataformas, la producción y venta de contenidos eróticos digitales refleja cómo las tensiones de la informalidad laboral, la estigmatización y la falta de regulación se trasladan al entorno virtual. Frente a las narrativas mediáticas del "dinero fácil" y la aplicación de marcos punitivos que omiten la realidad del sector, los hallazgos del diagnóstico participativo elaborado por AMMAR y el CONICET señalan que el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo resulta indispensable para acceder a derechos laborales formales y resguardar la integridad de quienes ejercen la actividad. 

Agustina Paz Frontera es periodista y escritora argentina. Licenciada en Comunicación (UBA), Magíster en Periodismo documental (UNTREF). Como periodista feminista participó de la fundación de LatFem, medio digital que codirigió durante 7 años. Actualmente trabaja en el campo de la comunicación política y estratégica desde la Iniciativa de Comunicación y Narrativas (Iniciativa Icona) y es integrante del equipo político y editorial de LatFem. Publicó el libro ¿Demasiado feminismo? (Siglo XXI, 2025); y libros de crónica, poesía y novela. Es autora del documental Este sitio inmundo y conductora de los micros audiovisuales feministas Caja de herramientas (UNGS-UNPAZ). Cursó postgrados de comunicación, género y política.