"Show me the money": discriminación financiera contra trabajadoras sexuales

Mar 27, 2026
"Show me the money": discriminación financiera contra trabajadoras sexuales
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Cuentas bloqueadas, dinero retenido y reglas difusas: la discriminación financiera limita el acceso al propio ingreso y expone a las trabajadoras sexuales a una nueva forma de precariedad.

A las tres de la tarde, el celular de Sol vibra con una notificación que no esperaba. “Tu cuenta ha sido suspendida por actividad inusual”. Durante unos segundos no entiende. Después abre la aplicación y confirma lo que teme: no puede ingresar. No puede retirar el dinero que había cobrado esa mañana. Es la segunda vez que le pasa en el año.

Trabaja de manera independiente, coordina encuentros —por redes sociales o en la calle— y cobra a través de billeteras virtuales. Cuando la bloquean, no hay teléfono de contacto ni oficina a la que ir. Solo un formulario automático. 

“Es como si no existieras —dice—. Tu plata queda ahí y no hay ni un robot que te dé respuesta”.

Sol no es su nombre real. La invisibilidad online es parte de su estrategia de seguridad. Pero en el sistema financiero, esa misma invisibilidad se vuelve una trampa. Si la bancarización compulsiva plantea tensiones para amplios sectores —en tanto implica ceder control sobre el dinero producido con el trabajo—, en contextos de informalidad esa dependencia se vuelve aún más crítica. 

Las trabajadoras sexuales, excluidas del sistema financiero tradicional, quedan obligadas a operar a través de fintechs y billeteras virtuales que ofrecen mayor discrecionalidad pero también menos garantías y casi nulas instancias de reclamo.

El trabajo sexual en territorio argentino no es ilegal, pero tampoco está reconocido como actividad laboral con derechos plenos. Esa ambigüedad tiene consecuencias financieras e impositivas concretas: no hay una forma clara de declarar ingresos o justificar movimientos de dinero.

En un contexto donde la economía está cada vez más digitalizada, esto genera una paradoja: se puede trabajar, se puede cobrar, pero no siempre se puede usar ese dinero dentro del sistema formal.

“Yo pago impuestos cada vez que me compro un labial o cada vez que tomo un colectivo—dice Sol—¿por qué no me permiten que registre mis gastos y mis ingresos?” 

La OIT estima que para 2018 alrededor del 60% de la población trabajadora mundial se desempeñaba en la economía informal, lo que implica ausencia de protección social, acceso limitado al crédito y fuertes restricciones en el uso de servicios financieros formales. 

En Argentina, donde cerca del 40% del empleo asalariado es informal según el INDEC, la discriminación financiera es una regla. En el caso del trabajo sexual, esta exclusión puede directamente bloquear el acceso al dinero que se conseguió con el trabajo. 

Bloqueada

Plataformas globales como PayPal prohíben explícitamente transacciones vinculadas a servicios sexuales. Otras, como Wise, operan con políticas de uso que permiten suspender cuentas y retener fondos ante actividades consideradas “prohibidas o de alto riesgo”, una categoría amplia que en la práctica habilita bloqueos discrecionales.

En Argentina, aplicaciones como Mercado Pago no establecen una prohibición explícita sobre el cobro de servicios sexuales. Sin embargo, sus políticas restringen el uso de la plataforma para contenidos sexuales explícitos o considerados “no aptos”, lo que deja un amplio margen de interpretación. En la práctica, esta ambigüedad se traduce en bloqueos de cuentas, retención de fondos y limitaciones operativas para trabajadoras sexuales, sin criterios claros ni instancias efectivas de reclamo.

Como señala una trabajadora sexual argentina, Rebe, en una nota periodística:

"El tema del bloqueo de cuentas en las billeteras virtuales es muy común. Es uno de los problemas que tienen las trabajadoras sexuales que usan la virtualidad, las creadoras de contenido, las que usan las plataformas virtuales para hacer anuncios". 

No se trata de casos aislados. Es una lógica conocida como financial de-risking (o reducción de riesgos financieros): excluir preventivamente a quienes el sistema considera riesgosos. No hace falta un delito. Alcanza con la sospecha.

Precariedad algorítmica y penalización

La digitalización del trabajo sexual prometía mayor autonomía. Menos intermediarios, más control sobre precios, horarios y condiciones. Pero también trajo una nueva forma de precariedad: la dependencia total de las plataformas financieras.

Como señalan Verónica Gago y Luci Cavallero, la expansión de las finanzas sobre la vida cotidiana convirtió el acceso a herramientas financieras en una condición necesaria para el trabajo, especialmente el informal. Según las autoras, mientras la financiarización de la vida —a través de billeteras virtuales y fintechs— se expandía durante la pandemia,

 “se inició un proceso de penalización y moralización de los movimientos en las cuentas y billeteras virtuales”.

Para trabajadoras informales, como son las trabajadoras sexuales, esto implica que cobrar ya no es posible sin pasar por billeteras virtuales o plataformas de pago, incluso cuando esas mismas plataformas pueden excluirlas.

Esta situación ha sido definida en estudios recientes como precariedad algorítmica: condiciones laborales determinadas por sistemas automatizados que no rinden cuentas y que pueden excluir sin explicación.

Sol lo resume de manera más directa: 

“No es que te quedás sin tu trabajo. Es que te quedás sin tu plata”.

Más impacto en personas trans

Cuando esta exclusión se cruza con la identidad de género, el impacto se profundiza. Según el programa Contratá Trans la exclusión respecto al acceso al empleo formal es uno de los problemas más apremiantes entre las varias formas de exclusión que sufren las personas trans. 

Entre el 80% y el 90% de las personas travesti, trans y no binarias no tiene acceso al empleo formal. Además, según datos de un estudio de RedLacTrans de 2021 el 78% de las mujeres trans encuestadas ejercían el trabajo sexual. La informalidad laboral, y en particular la informalidad del comercio sexual, expone a las trabajadoras trans a mayores niveles de exclusión y discriminación financiera.

Según el informe Traspasando barreras la exclusión laboral no solo es consecuencia sino que además refuerza la falta de acceso a derechos humanos fundamentales, como la atención sanitaria y la vivienda. A ello hay que sumarle la discriminación financiera.

Estrategias frente a la discriminación financiera 

La OIT insiste en que el acceso a servicios financieros es clave para la inclusión económica. Pero para las trabajadoras sexuales, ese acceso está condicionado por prejuicios y regulaciones ambiguas. No estar bancarizada es no existir económicamente.

Quedar afuera del sistema financiero tiene consecuencias concretas. Muchas trabajadoras sexuales operan exclusivamente en efectivo. Esto implica:

  • mayor riesgo de robo
  • imposibilidad de ahorrar de forma segura
  • dificultad para alquilar o acceder a vivienda formal
  • ausencia total de crédito

Frente a estas barreras, muchas desarrollan estrategias informales:

  • usar cuentas de terceros
  • dividir ingresos en múltiples plataformas
  • evitar palabras “sospechosas” en transferencias
  • operar con criptomonedas

Pero cada solución abre nuevos riesgos. Usar cuentas ajenas puede implicar perder el dinero. Las criptomonedas requieren conocimientos técnicos y no eliminan la volatilidad. Fragmentar ingresos dificulta el control financiero. En todos los casos, la carga de gestionar el riesgo recae sobre las trabajadoras.

La discriminación financiera no es una consecuencia secundaria del estigma: es uno de sus mecanismos más eficaces. En América Latina, también se ha incorporado la problemática a la agenda de las organizaciones sociales, vinculándola con el reconocimiento del trabajo sexual como trabajo.

No hace falta prohibir el trabajo sexual si se puede bloquear su circulación económica. En un mundo donde casi toda la vida pasa por cuentas, apps y la virtualidad, quedar afuera del sistema financiero es quedar aún más afuera de la vida social.

Cuando a Sol le bloquearon la cuenta, tardó más de dos semanas en recuperar su dinero. Durante ese tiempo, pidió prestado, canceló turnos y evitó aceptar pagos digitales.

“No es solo la plata —dice—. Es la sensación de que en cualquier momento te pueden borrar”.

Y en esa posibilidad constante de desaparecer del sistema, se juega algo más que una transacción: se juega el derecho a existir dentro de la economía.

Agustina Paz Frontera es periodista y escritora argentina. Licenciada en Comunicación (UBA), Magíster en Periodismo documental (UNTREF). Como periodista feminista participó de la fundación de LatFem, medio digital que codirigió durante 7 años. Actualmente trabaja en el campo de la comunicación política y estratégica desde la Iniciativa de Comunicación y Narrativas (Iniciativa Icona) y es integrante del equipo político y editorial de LatFem. Publicó el libro ¿Demasiado feminismo? (Siglo XXI, 2025); y libros de crónica, poesía y novela. Es autora del documental Este sitio inmundo y conductora de los micros audiovisuales feministas Caja de herramientas (UNGS-UNPAZ). Cursó postgrados de comunicación, género y política.